LA PAZ, 8 nov (El Libre Observador) — La asunción de Rodrigo Paz en Bolivia este sábado no solo inaugura un nuevo gobierno, sino un intento explícito de cambio de relato nacional tras años de polarización, judicialización de la política y estancamiento institucional. Su arranque discursivo —“cinco años de servicio y no de poder”— buscó romper con la matriz dominante desde 2006: la idea del Estado como escenario de disputa, revancha y captura. Paz pone sobre la mesa otra narrativa, todavía en construcción: Estado como función adjetiva, no como dominio. Esa es su primera promesa.
La proclamación llega en un país que viene de una década extremadamente volátil: implosión del MAS, ruptura interna de la izquierda, caída del modelo económico basado en renta de materias primas, judicialización de opositores y una cultura pública que había convertido la lucha por el poder en una guerra de demolición permanente.
La llegada de Paz —hijo del histórico exalcalde paceño y exsenador— es también el ascenso institucional de una nueva generación política boliviana que intenta rearmar legitimidad sin el mito épico ni el caudillo.
Ante 52 delegaciones internacionales, el mandatario eligió como eje central la idea del retorno a la ley y a la verdad. El mensaje apunta al corazón de la crisis boliviana post-extractivista: la carencia de reglas creíbles, la fractura en los sistemas de control y contrapesos, y una opinión pública harta de relato heroico y promesas maximalistas. La frase “Nadie está por encima de la ley” en Bolivia no es cliché; es diagnóstico sociológico.
Las señales externas también son clave: agradeció a Argentina, Chile y Ecuador —países donde vivió en su infancia, en el exilio familiar— y subrayó que Bolivia “vuelve al mundo”.

Esa idea apunta a otro vector estratégico: reposicionar a Bolivia en la región y reconstruir un marco de cooperación económica en un momento en que el país enfrenta déficits gemelos, deterioro del superávit comercial, caída de reservas y un dólar paralelo que se convirtió en termómetro político. Paz no mencionó el dólar directo, pero sí colocó un mensaje de apertura: “Retorno al mundo” es un anticipo de giro internacionalista y de apertura negociadora con bloques y capitales.
En el frente interno, Paz hizo un guiño explícito a sectores empresariales, a trabajadores por cuenta propia y a movimientos indígenas. Es decir: a la nueva sociología económica del país, mucho más diversa que la retórica del siglo XX y la épica nacional-popular de los 2000. Ponerlos en el mismo párrafo no es casual. Su intención es construir una coalición transversal que supere la fractura “elite vs. pueblo” que dominó la política boliviana.
Y hubo un dato político que los analistas internacionales identificarán con lupa: elogió la unanimidad del Parlamento en los últimos días como señal de ruptura con la política del insulto. Un Congreso que se mueve por consenso en Bolivia, aunque sea un gesto inicial, es un mensaje potente hacia los mercados, hacia la comunidad internacional y hacia una diáspora boliviana que hace años mira la política nacional como un campo minado.
Paz cerró con un postulado ético: “La mentira te esclaviza. La verdad te libera”. En términos internacionales, es un intento de anclar su legitimidad en la confianza, no en el miedo. Y su principal desafío será demostrar que esa afirmación puede traducirse en reglas, instituciones y economía real. La retórica está puesta. Falta el Estado.


