LA PAZ, 6 may (El Libre Observador) — El aire en el centro de La Paz se volvió irrespirable este miércoles. No solo por la altura que define a la ciudad, sino por las nubes de gas lacrimógeno que la Policía lanzó este miércoles para dispersar a cientos de trabajadores que intentaban ingresar hacia la plaza Murillo, el núcleo del poder político boliviano.
La escena se repite en la memoria reciente del país: columnas sindicales descendiendo por calles estrechas, escudos policiales cerrando el paso y, en el punto de choque, el estallido químico que obliga a retroceder entre gritos, ojos irritados y carreras improvisadas. Esta vez, la movilización estaba encabezada por la Central Obrera Boliviana (COB), acompañada por maestros urbanos y otros sectores que exigen una recomposición salarial.
“Nos han llenado los ojos de gas (…) no vamos a claudicar”, dijo Shirley Bonilla, dirigente del magisterio, mientras la protesta se replegaba momentáneamente. La frase resume el pulso de una jornada que, lejos de concluir, parece apenas una pausa en un conflicto más amplio.
El detonante es conocido, pero no por ello menos explosivo: la exigencia de un incremento del 20 % al salario básico, una demanda que el Gobierno ha rechazado al considerar que el reciente aumento al salario mínimo ya cubre ese margen. Para los sindicatos, sin embargo, la medida es insuficiente frente al encarecimiento del costo de vida.

La plaza Murillo, blindada por efectivos policiales, se convirtió en una frontera simbólica. Ninguna de las columnas logró atravesar el cerco. En esquinas estratégicas, como las calles Potosí y Junín, los uniformados reforzaron su presencia para contener a los manifestantes, mientras el centro político se aislaba del ruido de las consignas.
Pero la protesta no se limitó a ese perímetro. A pocas cuadras, trabajadores fabriles bloquearon vías y se concentraron en torno al Ministerio de Trabajo, donde exigieron la renuncia del titular de esa cartera, Édgar Morales, a quien acusan de no representar sus intereses. Un grupo incluso ocupó momentáneamente instalaciones del edificio, en un gesto que elevó la tensión y obligó a un nuevo despliegue policial.
La jornada dejó una postal compleja, mientras el Gobierno lograba encauzar el conflicto con los transportistas en otra mesa de negociación, las calles evidenciaban que la presión social se multiplica en distintos frentes. La COB ya ha advertido que mantendrá las movilizaciones hasta obtener respuestas concretas a su pliego.
En Bolivia, donde la protesta callejera forma parte del lenguaje político, el equilibrio es siempre precario. Este miércoles, en el centro de La Paz, ese equilibrio volvió a medirse en metros de asfalto, en barreras policiales y en la persistencia de quienes, pese al gas, insisten en avanzar.

