LA PAZ, 21 nov (El Libre Observador) – En un tono cargado de dramatismo y desafío, el expresidente Evo Morales lanzó este jueves una impactante súplica pública al mandatario Luis Arce Catacora: “Lucho, no me mates. No he hecho ningún daño”.
Desde el Trópico de Cochabamba, su bastión político y refugio, en un claro accionar para victimizarse, Morales reveló que teme por su vida y aseguró que está siendo perseguido por órdenes directas del propio presidente boliviano.
En una entrevista con el medio argentino Canal Red Latinoamérica, Morales describió un panorama inquietante. Rodeado de aproximadamente 2.500 de sus seguidores, quienes lo protegen día y noche, el líder cocalero afirmó que Arce habría instruido a sus ministros a capturarlo «muerto o vivo».
“Militares escucharon esa orden. Lo sé, tengo miedo, pero no dejaré de luchar contra la corrupción”, declaró Morales, con una mezcla de indignación y determinación. Sus palabras reflejan no solo el profundo quiebre entre ambos líderes del Movimiento al Socialismo (MAS), sino también la tensa atmósfera política que envuelve al país.

Mientras enfrenta investigaciones en Bolivia y Argentina por delitos graves como trata y estupro, Morales no se presentó ante la justicia.
En cambio, se refugia en el Chapare, donde sus seguidores han llegado incluso a tomar unidades militares durante un prolongado bloqueo de carreteras, en una clara muestra de fuerza y lealtad.
Lejos de amedrentarse, Morales reafirmó su intención de volver a postularse a la Presidencia en 2025. “Si el Tribunal Supremo Electoral hace respetar la Constitución, yo soy candidato. La victoria está garantizada, y con ella, la democracia”, declaró, subrayando su fe en un eventual retorno al poder.
El intercambio de acusaciones entre Morales y Arce es la más reciente manifestación de una fractura interna en el MAS, que amenaza con desestabilizar su hegemonía política. La relación, que en su momento fue de mutua confianza y colaboración, se ha convertido en un campo de batalla donde se mezclan denuncias de corrupción, conspiraciones y maniobras electorales.
La narrativa de Morales como víctima de persecución política parece buscar afianzar su base de apoyo en sectores rurales y cocaleros, mientras que Arce enfrenta el desafío de mantener su legitimidad en medio de estas acusaciones.


