LA PAZ, 14 ago (El Libre Observador) — A tan solo 72 horas de unas elecciones generales consideradas las más inciertas en Bolivia desde 2005, un sector clave del oficialismo ha dado un golpe político inesperado. La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), alineada con el “arcismo” —la corriente afín al presidente Luis Arce—, anunció el retiro de su apoyo al candidato oficialista Eduardo del Castillo para respaldar al joven aspirante de izquierda progresista, Andrónico Rodríguez, líder de Alianza Popular.
El pronunciamiento, encabezado por el dirigente Guery García, refleja una fractura en el bloque rural campesino que desde hace casi dos décadas ha sostenido la hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS). García aseguró que la decisión fue “unánime y contundente”, argumentando que Rodríguez ha respondido positivamente a su llamado a la unidad de las fuerzas progresistas. “Se ha determinado el voto en línea, el voto campesino. El voto decisivo irá para Andrónico”, afirmó.
Este cambio de lealtad llega después de que el sector campesino diera un ultimátum de 24 horas para que Del Castillo y Rodríguez sellaran una alianza. La falta de respuesta por parte del candidato del MAS precipitó la ruptura.
Paralelamente, Mario Seña, secretario general de la CSUTCB y también cercano a Arce, advirtió que, si no se lograba la unificación, el campo popular corría riesgo de sufrir un “fracaso electoral” en las urnas.
El trasfondo de esta disputa va más allá de una simple diferencia electoral. El MAS, que bajo Evo Morales instauró un modelo político que combinó nacionalización de recursos, políticas redistributivas y un fuerte protagonismo indígena-campesino, vive desde 2022 una lucha interna entre la facción leal a Arce y el ala más próxima al expresidente.

La figura de Andrónico Rodríguez, un dirigente cocalero y actual presidente del Senado de 36 años, se ha consolidado como la alternativav de la campaña. Heredero político de Morales pero distanciado de las estructuras tradicionales del MAS, su mensaje ha buscado atraer tanto a desencantados del oficialismo como a votantes jóvenes. En su cierre de campaña en El Alto, Rodríguez insistió en “dejar la soberbia” y convocó a la unidad del “campo nacional popular” para “lograr la victoria en primera vuelta”.
En el plano económico, el pulso electoral se desarrolla en un contexto complejo: el país enfrenta una caída de reservas internacionales, presiones inflacionarias moderadas pero persistentes y tensiones por la reducción de ingresos provenientes del gas natural, pilar histórico de las finanzas públicas.
En este escenario, el voto campesino no solo es simbólicamente relevante, representa un caudal electoral decisivo en áreas rurales y periurbanas que puede inclinar la balanza en un resultado estrecho.
Con las encuestas mostrando un final abierto y un electorado polarizado, el apoyo de los campesinos arcistas a Rodríguez podría reconfigurar el tablero en el último momento.


