LA PAZ, 22 dic (El Libre Observador) — En Bolivia, el padrón electoral es mucho más que un registro administrativo; es el termómetro de la confianza democrática. Con esa premisa asumió este lunes Gustavo Ávila la presidencia del Tribunal Supremo Electoral (TSE), en un acto cargado de simbolismo institucional y expectativas políticas, a poco más de un año de las elecciones subnacionales de 2026.
Ávila anunció que su gestión impulsará la construcción de un nuevo padrón electoral biométrico, una promesa largamente demandada por partidos políticos, observadores y sectores de la sociedad civil, tras años de sospechas, disputas técnicas y cuestionamientos al sistema electoral. “Bolivia se merece tener un nuevo padrón”, afirmó, al comprometer un proceso “técnico, inclusivo y transparente”, destinado —dijo— a garantizar el derecho al voto de todos los ciudadanos.
El anuncio llega en un momento clave. La memoria de los conflictos poselectorales aún pesa en el debate público y convierte al padrón en un asunto sensible, casi existencial, para la democracia boliviana. Ávila lo sabe y por eso insistió en que el nuevo registro contará con altos estándares de seguridad, protección de datos y controles técnicos que permitan devolver certezas a un sistema erosionado por la polarización política.

El nuevo presidente del TSE subrayó además la independencia del órgano electoral y prometió una gestión ajena a intereses partidarios. “La democracia se sostiene sobre la confianza”, dijo, en una frase que resonó como hoja de ruta para una institución que en la última década ha sido epicentro de crisis políticas y de disputas sobre la legitimidad del voto.
Junto a Ávila asumió la vicepresidencia del Tribunal Ximena Camacho Goyzueta, quien reivindicó la necesidad de una sala plena cohesionada y técnicamente sólida. Camacho adelantó que, ante la falta de vocales departamentales en algunas regiones, los vocales nacionales asumirán de forma transitoria la administración electoral, con el objetivo de no poner en riesgo la organización de los próximos comicios.
La nueva directiva hereda un calendario exigente. Bolivia avanza hacia las elecciones subnacionales del 22 de marzo de 2026, en un escenario político fragmentado y con un mapa partidario en plena reconfiguración. El reciente empadronamiento masivo incorporó a más de 92.000 nuevos votantes, mientras 14 organizaciones políticas y 29 alianzas han manifestado su intención de competir, a la espera del aval definitivo del TSE.
En paralelo, el órgano electoral trabaja en la implementación del Sistema de Resultados Preliminares (Sirepre), una herramienta clave para la difusión temprana del conteo, cuyo desempeño será observado con lupa en un país donde la transparencia electoral se ha convertido en una demanda estructural.

