LA PAZ, 10 sep (El Libre Observador) — El presidente boliviano, Luis Arce, no dudó este miércoles en calificar como “hitos históricos de la política exterior” el ingreso del país al BRICS ampliado como Estado asociado y al Mercosur como miembro pleno. Dos movimientos que, más allá de la retórica, reflejan la voluntad de la pequeña economía andina de reposicionarse en un mundo en plena transformación.
El anuncio llega en un momento clave: Bolivia cumplirá 200 años de independencia en 2025, mientras su economía atraviesa tensiones internas —reservas internacionales al límite, dependencia de la renta de hidrocarburos y presión social por más inversión pública— y busca en la integración internacional un respiro y un impulso estratégico.
La apuesta por el Sur global
La adhesión a los BRICS, formalizada en enero de 2025, sitúa a Bolivia junto a países como Argelia, Indonesia, Turquía o Vietnam, en un bloque que concentra casi el 40% de la población mundial y cerca de una cuarta parte del PIB global. Para La Paz, este paso significa anclar su política exterior en el emergente “Sur global”, con la expectativa de atraer inversiones en sectores estratégicos como litio, gas y petróleo.
El gobierno de Arce ha insistido en que el litio —del que Bolivia posee una de las mayores reservas del planeta— será su carta de presentación en la mesa de los BRICS. En un mercado en disputa entre China, Estados Unidos y Europa, el recurso se convierte en un activo geopolítico que otorga a la nación andina un protagonismo inesperado.

Mercosur: integración regional y pragmatismo
El otro pilar de esta estrategia es el Mercosur. Bolivia se incorporó como miembro pleno en julio de 2024, tras casi una década de negociaciones. Para un país sin salida al mar, integrado por completo a la cuenca amazónica y andina, el acceso al mercado regional es tanto una necesidad como una oportunidad. El bloque, encabezado por Brasil y Argentina, representa la quinta economía mundial y ofrece ventajas inmediatas en comercio, infraestructura y movilidad.
En un contexto donde Chile y Perú han afianzado sus tratados con Asia-Pacífico, Bolivia opta por el pragmatismo: afianzar su pertenencia al núcleo sudamericano antes de expandirse hacia fuera. Arce lo resumió como “oportunidades sin precedentes para que Bolivia destaque a nivel regional”.
La política detrás de la diplomacia
El giro internacional no está exento de lecturas internas. Arce, que enfrenta tensiones dentro del Movimiento al Socialismo (MAS) y críticas por la situación económica, necesita mostrar resultados visibles en el escenario internacional. Presentar la adhesión al BRICS y al Mercosur como “victorias diplomáticas” le permite ofrecer un relato de éxito hacia dentro y proyectar liderazgo hacia fuera.
El discurso de la “Diplomacia de los Pueblos por la Vida”, como lo denomina el propio presidente, encierra un doble mensaje: soberanía frente a Occidente y apuesta por la cooperación Sur-Sur. En un mundo donde Estados Unidos y China compiten por la influencia en América Latina, Bolivia busca mostrarse como un actor autónomo, aunque su margen de maniobra esté condicionado por su fragilidad económica.

Un país pequeño en el mapa global
El desafío ahora será convertir la membresía en estos bloques en beneficios tangibles para la población. Hasta ahora, Bolivia sigue lidiando con problemas estructurales: informalidad laboral, déficit fiscal elevado, caída de la producción de gas y escasa diversificación productiva. La apuesta diplomática es audaz, pero su éxito dependerá de la capacidad del Estado para traducir la retórica internacional en proyectos concretos, inversiones reales y empleo.
En este tablero en movimiento, Bolivia ha optado por un camino que combina integración regional con apertura al Sur global. Una estrategia que, como dijo Arce, apunta a “logros irreversibles”. La pregunta es si el país andino podrá sostener esa ambición con la economía doméstica como principal talón de Aquiles.

