LA PAZ, 13 nov (El Libre Observador) — En su primer gran gesto económico, el presidente boliviano Rodrigo Paz Pereira ha marcado distancia con la era de intervencionismo fiscal y monetario. Durante la posesión del nuevo directorio del Banco Central de Bolivia (BCB), encabezado por David Espinoza Torrico, el mandatario reclamó una institución “independiente, técnica y con responsabilidad social”. Su mensaje, de tono sobrio pero contundente, busca sentar las bases de un viraje económico en un país golpeado por la escasez de divisas, el endeudamiento y el desgaste institucional.
“El Banco Central deja de ser una caja chica del Gobierno y empieza a ser un Banco Central de todos los bolivianos”, advirtió Paz ante un auditorio que aplaudió de pie. La frase, que circuló con rapidez en las redes sociales, pretende simbolizar el quiebre con la etapa anterior, cuando el ente emisor fue acusado de financiar de manera directa el gasto público.
El nuevo presidente del BCB, David Espinoza, asumió con un diagnóstico severo: “Recibimos una economía totalmente destruida”. Economista con una larga trayectoria técnica en la entidad, Espinoza se comprometió a “reconstruir” el Banco y a devolverle su carácter profesional, “lejos del prebendalismo político y de la negligencia técnica que tanto daño han hecho al país”.
La agenda de Paz y Espinoza coincide en tres prioridades: recuperar la disciplina fiscal, estabilizar el mercado cambiario y restaurar la confianza. El Gobierno insiste en que la recuperación no será inmediata, pero apunta a reconstruir la credibilidad de las instituciones económicas, erosionadas tras años de manipulación política y opacidad en las cifras oficiales.

El propio ministro de Economía, Gabriel Espinoza (sin parentesco con el nuevo titular del BCB), reconoció que la nueva administración enfrenta “una economía devastada”. Según fuentes del Tesoro, las reservas internacionales habrían caído a niveles históricamente bajos, y el déficit fiscal supera el 8% del PIB. La crisis de dólares, que encareció los medicamentos y limitó las importaciones, ha colocado a Bolivia en una de sus coyunturas más complejas desde la década de 1980.
El Banco Central, fundado en 1928 y pieza clave en los años del auge del gas, perdió en la última década buena parte de su autonomía. La utilización de sus reservas para financiar megaproyectos y cubrir el déficit fiscal desató críticas desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) y de analistas locales, que advirtieron sobre la fragilidad de un modelo dependiente de la renta extractiva.
Hoy, el nuevo Gobierno se propone reconstruir la credibilidad de la institución y blindarla frente a presiones políticas. “El reto no es solo técnico, es moral”, sostuvo Paz. “No se olviden de la gente, que es lo más importante”.
Con esta reestructuración del BCB, Bolivia se suma a una tendencia regional: la búsqueda de autonomía de los bancos centrales tras los años de sobreintervención estatal. Desde Chile hasta Brasil, los gobiernos intentan equilibrar el control del gasto con la independencia monetaria, una receta que promete estabilidad, aunque suele implicar ajustes impopulares.
Para Paz, que asumió la presidencia con la promesa de “reconstruir lo destruido”, la disciplina fiscal es también una estrategia política: enviar una señal de orden y transparencia a los mercados internacionales. En un país que aún depende de los precios de las materias primas, esa confianza puede ser tan valiosa como las propias reservas que hoy escasean.


