LA PAZ, 4 dic (El Libre Observador) — El Banco Central de Bolivia (BCB) lanzó este jueves una señal de alarma sobre las Reservas Internacionales Netas (RIN), el colchón que sostiene la estabilidad cambiaria y la capacidad de pago externo, al manifestar que han sufrido “una fuerte pérdida” en los últimos cinco años.
La cifra que mejor resume la magnitud del retroceso es contundente: Bolivia dispone hoy de apenas 75 millones de dólares en divisas líquidas, una cantidad minúscula para una economía abierta y altamente dependiente de importaciones.
La advertencia la hizo pública este jueves David Espinoza, presidente del BCB, en una conferencia de prensa convocada para presentar un diagnóstico que el propio funcionario calificó como “preocupante”.
Espinoza revisó el deterioro de las reservas desde 2019, cuando el país acumulaba 6.468 millones de dólares, hasta la caída a 1.709 millones en 2023, un desplome que él atribuye a “un agotamiento de divisas y decisiones cuestionables del anterior Gobierno”. Una recuperación parcial registrada hasta el 7 de noviembre elevó las reservas totales a 3.167 millones, pero la cifra es engañosa: su mayor parte está compuesta por oro y no por activos líquidos utilizables de inmediato.
“El nivel de divisas ha descendido significativamente. En 2022 teníamos 709 millones; en 2023, 166 millones; hoy estamos con niveles cercanos a 50 millones”, explicó Espinoza. La brecha entre reservas totales y liquidez disponible deja al país en una posición vulnerable en momentos en que el abastecimiento de dólares se ha convertido en un problema cotidiano para empresas y consumidores.
La presentación del BCB incluyó un dato que añade tensión al cuadro: el gobierno anterior pignoró 6,6 toneladas de oro, una operación que —según Espinoza— requiere una revisión exhaustiva para determinar si se ajustó plenamente a la normativa.

Bolivia mantiene un mínimo legal de 22 toneladas en custodia; actualmente posee 22,9 toneladas, distribuidas en bancos de Europa y Estados Unidos: Alemania, Reino Unido, Suiza y EE UU concentran la mayor parte, mientras 2,3 toneladas permanecen en las bóvedas del BCB y 2,6 toneladas están en tránsito.
“La mayor parte del oro no está físicamente aquí, sino en entidades de primera línea en el exterior”, puntualizó Espinoza.
La diversificación geográfica, habitual para las reservas de países emergentes, adquiere un cariz más sensible cuando la liquidez cae a niveles tan bajos y el país se ve obligado a recurrir a operaciones financieras avanzadas —como la pignoración o las ventas adelantadas— para sostener su capacidad de pagos.
El episodio no es nuevo en la conversación económica boliviana. En septiembre, el entonces ministro de Economía, Marcelo Montenegro, reconoció que el Estado había adelantado ventas de oro para obtener liquidez, aunque insistió en que todas las operaciones se realizaron “en el marco de la ley”. Pero la nueva administración del BCB no parece dispuesta a dar el asunto por cerrado.
El desplome de las reservas ocurre, además, en un contexto de creciente tensión cambiaria. Desde inicios del año, el dólar escasea en bancos y casas de cambio, lo que ha alimentado un mercado paralelo y ha presionado al Gobierno a reforzar medidas de control, negociaciones con exportadores y restricciones a la demanda.
La falta de divisas ha afectado a importadores de combustibles, medicamentos y bienes industriales, ampliando la percepción de fragilidad.
Las reservas internacionales funcionan en Bolivia como un termómetro de confianza. No sólo permiten estabilizar el tipo de cambio —que permanece fijo desde 2011—, sino que también representan una señal clave para acreedores, inversionistas y organismos multilaterales. Con apenas 75 millones de dólares de disponibilidad inmediata, la tarea de recomponer ese escudo financiero se vuelve urgente.

