LA PAZ, 17 nov (El Libre Observador) — En Samaipata, un pueblo turístico enclavado en las estribaciones verdes de la región oriental de Bolivia, el amanecer del lunes llegó acompañado por un estruendo que no venía del cielo, sino de los ríos. Tras más de seis horas de lluvia ininterrumpida —una cortina densa, casi vertical, que se abatió sobre la zona durante la madrugada— el Piraí y el Achira se desbordaron a la vez, convirtiendo caminos rurales en cauces improvisados y dejando seis personas desaparecidas en un puñado de comunidades dispersas.
El alcalde, Eustaquio Casillas, recorre desde primera hora los tramos más golpeados del municipio. Hace paradas breves, revisa muros derrumbados, conversa con comunarios que aún no han podido comunicarse con sus familiares y observa, impotente, cómo retroexcavadoras y camiones municipales intentan abrir rutas convertidas en barrancos.
“Ha sido una lluvia torrencial, demasiado intensa. Nos ha destrozado carreteras, casas antiguas, puentes. Es grave”, resume.
El epicentro de la tragedia está en Cuevas y Achiras, dos pequeñas comunidades agrícolas donde se reportan las seis personas desaparecidas. Allí, el agua alcanzó casi un metro de altura en algunas viviendas, dejó vehículos semienterrados en lodo espeso y cortó la electricidad desde la madrugada. En otras zonas, la energía va y viene, dejando a buena parte del municipio incomunicado y dependiendo de mensajes esporádicos enviados desde puntos altos donde se recupera la señal.

Los testimonios que llegan desde el valle hablan de un fenómeno que los habitantes comparan con episodios históricos. “Esta vez ha sido más fuerte, incluso más que el año 83’, porque ha sido de seis horas de lluvia, demasiado torrencial”, insiste el alcalde. La tormenta destruyó todo a su paso: bardas caídas, caminos erosionados hasta formar zanjas abruptas, puentes arrastrados por una fuerza que pocos recuerdan haber visto en décadas.
A la emergencia local se suman datos alarmantes. El Servicio de Encauzamiento de Ríos (Searpi) declaró una alerta roja al registrar niveles extraordinarios del Piraí en la estación Angostura: 6,80 metros, una cifra casi inédita para la cuenca alta.
El fenómeno, según su director, José Antonio Rivero, se originó por el desprendimiento de un cerro que obstruyó una quebrada, multiplicando el volumen del agua en cuestión de minutos. “Ha pasado por encima de la carretera y ha inundado varias casas”, relató.
Mientras maquinaria del Servicio Departamental de Caminos se despliega en los sectores más aislados —como Vallecitos, Palermo y Postervallecito—, Samaipata intenta recomponer su propia cartografía.


