LA PAZ, 14 ene (El Libre Observador) — Bolivia intensifica su ofensiva diplomática y financiera para sostener una economía sometida a fuertes tensiones externas. Tras asegurar líneas de apoyo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), el Gobierno trabaja ahora para sumar al Banco Mundial como nuevo pilar de respaldo multilateral en un contexto marcado por la escasez de dólares, la presión inflacionaria y la necesidad de preservar la inversión pública y el gasto social.
El canciller Fernando Aramayo confirmó que las conversaciones con el Banco Mundial avanzan y que podrían traducirse en anuncios a corto plazo, siempre que Bolivia cumpla con los requisitos técnicos y normativos exigidos por el organismo. Se trata, explicó, de apoyos que el presidente ha venido negociando de manera directa, en línea con los acuerdos ya estructurados con otros bancos de desarrollo.
Bolivia ya cuenta con un programa de financiamiento de 3.100 millones de dólares con la CAF y negocia otro de 4.500 millones con el BID, cifras que ilustran la magnitud del respaldo externo que el Ejecutivo busca articular para enfrentar un escenario económico complejo. La caída de ingresos externos, el encarecimiento de las importaciones y la restricción de divisas han obligado al Gobierno a reforzar su relación con los organismos multilaterales.

Aramayo subrayó que el eje de estas negociaciones no es únicamente el acceso a recursos, sino la construcción de confianza institucional. “Lo fundamental es brindar condiciones y garantías: seguridad jurídica, seguridad social y un uso responsable de los recursos”, afirmó, en un mensaje dirigido tanto a los organismos financieros como a los mercados.
En ese marco, el canciller destacó la reciente visita del presidente del BID a La Paz como una señal política de respaldo y de confianza en el rumbo económico del país. Para el Gobierno, este gesto contrasta con las críticas internas que cuestionan la relación con los bancos multilaterales y refuerza la narrativa oficial de que Bolivia sigue siendo un destino confiable para el financiamiento internacional.
Aramayo desestimó esas críticas, a las que calificó de “superficiales y emocionales”, y recordó que el BID y otros organismos solo otorgan créditos a países que muestran capacidad de gestión y estabilidad macroeconómica. “Acceden quienes generan confianza”, sostuvo.
Con el eventual ingreso del Banco Mundial a este esquema de apoyo, Bolivia busca blindar su economía con un colchón financiero multilateral que le permita navegar un año clave, marcado por desafíos fiscales, presión social y la necesidad de sostener la inversión y la cohesión económica en un entorno regional e internacional adverso.

