LA PAZ, 24 jun (El Libre Observador) — La llegada de ABSA Cargo, una aerolínea de carga perteneciente al grupo LATAM, es presentada por las autoridades como una pieza más de una estrategia destinada a conectar a Bolivia con los grandes flujos comerciales del continente. El primer vuelo de la compañía, procedente de Miami y con destino al aeropuerto internacional de Viru Viru, en Santa Cruz, simboliza algo más que el ingreso de un nuevo operador logístico: representa la apuesta de un país sin salida al mar por convertir su ubicación geográfica en una ventaja económica.
El anuncio ocurre en un momento particularmente sensible. Bolivia intenta recuperarse de 53 días de bloqueos que dejaron pérdidas millonarias, paralizaron sectores productivos y profundizaron las tensiones sobre una economía que ya enfrentaba problemas de liquidez, escasez de divisas y desaceleración del crecimiento.
En ese contexto, la conectividad se ha convertido en una palabra recurrente dentro del discurso gubernamental. La administración de Rodrigo Paz sostiene que una economía moderna no puede depender exclusivamente de la infraestructura terrestre y que la expansión de las operaciones de carga aérea constituye una herramienta para reducir vulnerabilidades y facilitar el comercio exterior.
La historia económica boliviana explica parte de esa visión. Desde la pérdida de su litoral en la Guerra del Pacífico a finales del siglo XIX, el país ha debido construir su desarrollo condicionado por la geografía. El acceso a los mercados internacionales depende de corredores terrestres que atraviesan países vecinos y de puertos ubicados a cientos o miles de kilómetros de sus principales centros productivos.
Esa condición ha convertido a la logística en uno de los desafíos estructurales más persistentes para la economía boliviana. Transportar mercancías desde el altiplano o los valles hacia los puertos del Pacífico o del Atlántico suele implicar mayores costos y tiempos que para otras economías de la región.

Por ello, el Gobierno considera estratégica la expansión del transporte aéreo de carga. La llegada de ABSA Cargo amplía una red que hasta hace pocos años era limitada y que hoy busca posicionar al país como un nodo regional para el movimiento de mercancías.
La compañía operará aeronaves Boeing 767-300F con capacidad para transportar hasta 55 toneladas de carga. Su primer vuelo trasladará unas 25 toneladas desde Estados Unidos hacia Bolivia antes de continuar hacia Brasil, una ruta que ilustra el tipo de conexiones regionales que las autoridades aspiran a multiplicar.
La apuesta forma parte de una política de apertura del espacio aéreo conocida como “cielos abiertos”, impulsada para atraer operadores internacionales. Un elemento central de esta estrategia es la denominada séptima libertad aérea, una figura poco común en muchos mercados latinoamericanos que permite a aerolíneas extranjeras transportar carga entre Bolivia y terceros países sin necesidad de conectar esos vuelos con su nación de origen.
Para los defensores de la medida, la flexibilización regulatoria aumenta la competencia y reduce costos logísticos. Para los exportadores bolivianos, especialmente los vinculados a la agroindustria, la manufactura y los productos perecederos, significa disponer de más opciones para acceder a mercados internacionales.
La llegada de ABSA Cargo se suma a la presencia de Aercaribe Cargo, Copa Cargo y Tampa Cargo, compañías que ingresaron al mercado boliviano durante los últimos años. El resultado es un escenario muy distinto al que existía hasta hace poco, cuando la oferta de transporte aéreo especializado era reducida y las alternativas para exportadores e importadores eran limitadas.
Sin embargo, detrás del optimismo oficial persiste una pregunta más amplia: si una mayor conectividad será suficiente para revertir los problemas estructurales de una economía golpeada por la conflictividad política recurrente.
Los recientes bloqueos mostraron hasta qué punto la actividad económica boliviana puede quedar expuesta a las tensiones sociales. Durante semanas, productores agrícolas no pudieron sacar mercancías de sus regiones, industrias enfrentaron dificultades para obtener insumos y miles de transportistas permanecieron atrapados en rutas cerradas.
La crisis dejó una lección incómoda para las autoridades: la infraestructura es tan importante como la estabilidad política. Ningún corredor logístico, terrestre o aéreo, puede funcionar plenamente en un entorno marcado por la incertidumbre.
Aun así, el Gobierno considera que ampliar la conectividad es una condición indispensable para el crecimiento futuro. La ubicación geográfica de Bolivia, en el centro de Sudamérica, alimenta la ambición de transformarse en un punto de enlace entre los mercados del Atlántico y del Pacífico, una aspiración repetida por distintas administraciones durante décadas.

