LA PAZ, 7 jul (El Libre Observador) — Los bloqueos de carreteras terminaron hace más de dos semanas, pero para miles de transportistas bolivianos el regreso a la normalidad sigue siendo una promesa incumplida. Donde antes había carreteras cerradas, ahora hay interminables filas de vehículos esperando combustible. El escenario cambió, pero la sensación de parálisis permanece. Cansados de perder horas de trabajo frente a los surtidores, los choferes sindicalizados dieron este martes un plazo de 48 horas al Gobierno para explicar por qué la escasez de diésel y gasolina persiste y cuándo dejará de formar parte de la rutina diaria del país.
El ultimátum marca un nuevo foco de tensión para la administración del presidente Rodrigo Paz Pereira, que intenta dejar atrás las secuelas de los 53 días de conflicto social que paralizaron buena parte del territorio nacional. Sin embargo, el abastecimiento de combustibles continúa siendo uno de los principales termómetros del malestar ciudadano y una de las asignaturas pendientes de la recuperación económica.
«Durante 53 días estuvimos detenidos y tomados como rehenes. Hemos salido de ese conflicto para hacer otras kilométricas filas en todo el territorio nacional por la dotación del combustible», afirmó Lucio Gómez, máximo dirigente de la Confederación Sindical de Choferes de Bolivia.
Sus palabras condensan la frustración de un sector que asegura haber cambiado un problema por otro. Si durante casi dos meses los bloqueos impedían trabajar, ahora son las largas esperas en las estaciones de servicio las que reducen los ingresos de miles de conductores y alteran el transporte de pasajeros y mercancías.
Gómez cuestionó la falta de respuestas oficiales y reclamó una reunión urgente con las principales autoridades responsables del abastecimiento energético.
«Digan la verdad. No es suficiente decir que no tienen una varita mágica. Queremos saber qué está pasando. ¿Falta dinero? ¿Falta responsabilidad? ¿Qué es lo que ocurre?», preguntó públicamente al ministro del área y al presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).
La Confederación anunció que espera una reunión en un plazo de 48 horas con representantes del Ejecutivo y de las federaciones departamentales de choferes. El objetivo, según Gómez, es ofrecer respuestas concretas a las bases antes de que el descontento escale.

«No importa que estemos en estado de excepción. Estamos haciendo un pedido social, no político. Ya no toleramos más esta situación», advirtió.
Desde el Gobierno, la lectura es distinta. El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, sostiene que el abastecimiento comienza a normalizarse de manera gradual y pide paciencia mientras se supera el impacto acumulado de casi dos meses de bloqueos.
«En algunas ciudades ya se ha ido regularizando y en los próximos días va a estar normal», aseguró la autoridad, quien afirmó que un equipo interinstitucional trabaja para restablecer plenamente la distribución de carburantes.
Pero el Ejecutivo también apunta a otro factor que, a su juicio, agrava el problema: el desvío ilegal de combustibles subvencionados.
«Hay gente que carga combustible dos o tres veces al día para llevarlo a otros lados. No solo es un tema de Yacimientos; hay mafias que están haciendo negocios», sostuvo Zamora, en referencia al contrabando favorecido por la diferencia de precios entre Bolivia y los países vecinos.
La explicación, sin embargo, no convence a los transportistas, que consideran insuficientes las justificaciones oficiales frente a una crisis que afecta directamente su capacidad de trabajo. Para ellos, el tiempo de los diagnósticos terminó y comienza el de las soluciones.
La disputa revela hasta qué punto el combustible se ha convertido en uno de los asuntos más sensibles de la agenda boliviana. Las largas filas frente a los surtidores son hoy una imagen cotidiana que recuerda que, aunque los bloqueos quedaron atrás, las consecuencias económicas y logísticas del conflicto siguen presentes. El Gobierno insiste en que la normalización está en marcha; los choferes, en cambio, advierten que la paciencia tiene fecha de vencimiento: 48 horas.

