LA PAZ, 28 oct (El Libre Observador) — Bolivia se prepara para el cambio de mando con un mensaje de ruptura. A once días de asumir la presidencia, Rodrigo Paz Pereira, el político tarijeño de 58 años que obtuvo el 54,96 % de los votos en las elecciones del 20 de octubre, lanzó este martes una advertencia que condensa su visión de gobierno: “Se acabó la época de vivir del Estado”.
La frase, pronunciada en un tono sobrio pero contundente, apunta al corazón del modelo político y económico que marcó la era del Movimiento al Socialismo (MAS), un esquema de fuerte gasto público, expansión del empleo estatal y subsidios financiados por la renta gasífera. Paz, que asumirá el poder el 8 de noviembre, propone cerrar esa etapa y dar paso a lo que él define como una “Bolivia productiva y responsable”.
“Durante demasiados años el país se acostumbró a depender del Estado. Eso generó clientelismo, corrupción y mediocridad. Hoy necesitamos trabajo, producción y comercio”, escribió el presidente electo en sus redes sociales.
En sus declaraciones tras la victoria, insistió en que su gestión se caracterizará por el pragmatismo económico, la apertura a la inversión y la reconstrucción de la confianza con el sector privado.
Un viraje hacia la economía productiva
El mensaje marca una línea de quiebre con los 20 años de hegemonía del MAS, durante los cuales el Estado se convirtió en el principal empleador y promotor de obras públicas. Según Paz, ese modelo agotó su impulso tras la caída de los precios de las materias primas y la contracción de las reservas internacionales.
“Quien quiera relacionarse con el Estado debe hacerlo mediante la producción”, afirmó, en alusión a los sectores sociales acostumbrados a negociar beneficios o subvenciones. El nuevo gobierno prepara una mesa de diálogo con empresarios y sectores productivos.
Economistas cercanos al mandatario electo anticipan un giro gradual hacia la austeridad fiscal, acompañado de incentivos a la agroindustria, las exportaciones no tradicionales y la formalización de pequeños productores. “Paz entiende que el Estado ya no puede sostener un gasto improductivo. Su desafío será hacerlo sin romper el tejido social construido en torno a la redistribución”, explica un exministro de Economía consultado por este diario.

Un pragmatismo sin ideología
A diferencia de sus antecesores, Paz evita los grandes discursos ideológicos. Ha definido su futura gestión como “más pragmática que doctrinaria”, y ha dejado claro que su política exterior se basará en la cooperación y la soberanía, sin alineamientos automáticos.
Esta semana prevé realizar un viaje por Estados Unidos para abrir canales de diálogo con organismos multilaterales y con la administración de Donald Trump, en busca de apoyo financiero y acuerdos de inversión. Su equipo confirmó que el viaje incluirá reuniones con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, en un intento por estabilizar las finanzas públicas y atraer capital extranjero.
Al mismo tiempo, el presidente electo mantiene contactos con China, uno de los principales socios comerciales de Bolivia. Este lunes, se reunió con el embajador Wang Liang, con quien acordó fortalecer la cooperación económica y tecnológica.
La futura política exterior boliviana, según fuentes diplomáticas, buscará un equilibrio entre Oriente y Occidente, preservando los vínculos heredados del MAS pero bajo nuevas condiciones de transparencia y beneficio mutuo.
El discurso de Paz coincide con un momento de expectativa contenida en el país. La transición, marcada por el desgaste del modelo estatal y la fatiga de la polarización política, abre un escenario incierto. Los sindicatos y movimientos campesinos, históricamente cercanos al MAS, han reaccionado con cautela al anuncio del fin del “vivir del Estado”, temiendo ajustes que afecten programas sociales y empleos públicos.
El mandatario electo asegura que no habrá despidos masivos ni recortes abruptos, pero insiste en que el gasto público debe reorientarse hacia la inversión productiva y la eficiencia administrativa. “El Estado seguirá presente, pero no para mantener privilegios. Estará donde más se lo necesite: en la salud, la educación y la infraestructura que genera desarrollo”, declaró ante periodistas locales.

