LA PAZ, 28 ago (El Libre Observador) — Hay preguntas que buscan una fecha, un nombre, un viaje. Y hay respuestas que parecen empeñadas en borrar el rastro. Fernando Cerimedo, consultor político argentino y asesor cercano del presidente boliviano, Rodrigo Paz, respondió este viernes con un repetido “no recuerdo” cuando los investigadores intentaron reconstruir cómo llegó a Bolivia, cuántas veces entró al país, quién lo contactó para participar en la campaña presidencial y cómo comenzó su relación con el mandatario.
El cuestionario de su declaración, al que tuvo acceso El Libre Observador, dibuja dos versiones de un mismo personaje. En materia económica, Cerimedo ofrece cifras precisas al asegurar que durante 2025 obtuvo ingresos cercanos a un millón de dólares mensuales por actividades desarrolladas fuera de Bolivia y que en 2026 sus ingresos fueron similares. En cambio, cuando las preguntas se acercan a su itinerario político y a su relación con el poder, la memoria se vuelve mucho menos precisa.
No recuerda cuándo ingresó por primera vez a Bolivia en 2024. Tampoco el motivo del viaje, las personas con las que se reunió o quién lo contactó. Su respuesta sobre la actividad que realizó entonces fue igualmente escueta al señalar “ninguna actividad”.
Para 2025 admite haber ingresado al país, pero tampoco puede precisar cuántas veces. “Sí, ingresé pero no recuerdo la cantidad”, declaró. Sobre 2026 fue todavía más impreciso: pidió que la información fuera buscada en Migración y dijo que fueron “muchas veces”.
Según su versión, viajaba y pagaba personalmente sus gastos de alojamiento y transporte. Su intención, afirmó, era instalarse en Bolivia para desarrollar un proyecto de comunicación y marketing. Pero la reconstrucción de cómo ese proyecto terminó conectado con el poder político queda suspendida en una sucesión de lagunas.
Cerimedo reconoce que Rodrigo Paz era su principal contacto en Bolivia y admite que ya existía una relación entre ambos antes de las elecciones de 2025. Sin embargo, cuando se le pregunta cómo conoció al actual presidente, responde que no lo recuerda. Tampoco recuerda quién lo convocó para participar en la campaña.

Es una contradicción que atraviesa buena parte del interrogatorio. Cerimedo reconoce haber colaborado con Paz durante la segunda vuelta electoral y define su aporte como “consejos de comunicación digital”. Niega, en cambio, haber tenido un contrato escrito y asegura que no ejerció funciones durante la primera vuelta.
Cuando los investigadores intentan saber quién integraba su equipo, la respuesta cambia de registro: “No entiendo la pregunta”.
La mayor zona de sombra aparece después de la victoria electoral de Paz. El cuestionario intenta establecer qué ocurrió con Cerimedo cuando su aliado político llegó al poder y si su colaboración electoral se transformó en una relación formal o informal con el nuevo Gobierno.
La respuesta vuelve a ser contundente: “Ninguna”, dijo al ser consultado sobre qué función comenzó a desempeñar después del triunfo.
Y cuando le preguntaron quién le pidió continuar colaborando con Paz, respondió: “No tiene que ver con el caso”.
La misma frase se repite una y otra vez. Sobre cuándo comenzó esa colaboración, dónde trabajaba, si tenía oficina en la Casa Grande del Pueblo, quién autorizaba sus ingresos, si tenía credencial, si contaba con acceso permanente, qué funcionarios conocían su presencia o con qué frecuencia se reunía con el presidente, Cerimedo respondió que esos asuntos no tenían relación con el caso.
Tampoco quiso definir su propia posición dentro de la estructura de poder. Ante las preguntas sobre si era asesor, estratega, consultor o colaborador del presidente, respondió nuevamente que no tenía que ver con el caso.
La fórmula se extendió a cuestiones más concretas: si tenía un cargo formal, si existía un decreto, una resolución, un contrato o convenio; quién le asignaba tareas, quién supervisaba su trabajo, ante quién rendía cuentas o si podía impartir instrucciones a funcionarios públicos. En todos esos casos quedó registrada la misma respuesta.

El interrogatorio deja así una paradoja, Cerimedo reconoce haber trabajado para la campaña de Paz y admite que el presidente era su principal contacto en Bolivia, pero no recuerda cómo comenzó esa relación ni quién lo incorporó a la campaña. Reconoce además que continuó vinculado con el entorno presidencial, pero evita explicar bajo qué modalidad.
Las preguntas adquieren especial relevancia porque Cerimedo enfrenta en Bolivia una investigación por un presunto feminicidio en grado de tentativa contra su expareja, Nadia Beller. En ese contexto, los investigadores buscan también determinar el alcance de sus relaciones, actividades y presencia en el país.
Al final de su declaración, el consultor argentino no ofreció una explicación adicional sobre los vacíos del interrogatorio. En cambio, lanzó una acusación política: denunció un supuesto “golpe de Estado” destinado, según dijo, a desestabilizar el Gobierno de Rodrigo Paz y a vulnerar derechos y tratados internacionales.
La declaración termina donde comenzaron las preguntas, con dos relatos que parecen avanzar en direcciones opuestas. Cerimedo ofrece precisión cuando habla de dinero y de sus negocios en el extranjero; cuando el interrogatorio se acerca a los pasillos del poder boliviano, aparecen los olvidos, las evasivas y una frase que se convierte en muro al señalar que “no tiene que ver con el caso”.
Y es precisamente en ese espacio de silencios donde queda pendiente la pregunta central, qué papel desempeñó realmente Fernando Cerimedo alrededor del presidente Rodrigo Paz y hasta dónde llegó su influencia en el nuevo poder boliviano.

