LA PAZ, 1 sep (El Libre Observador) — La fuga terminó en un edificio del centro de La Paz. Después de cruzar fronteras y modificar su rostro para intentar borrar las huellas de su identidad, un peruano de 30 años, señalado como uno de los cabecillas de la organización criminal “Los Pulpos”, fue detenido este martes en Bolivia, poniendo fin a una persecución que había dejado de ser un asunto exclusivamente peruano.
Jhonson S.C.T., identificado por las autoridades como integrante de la estructura criminal asentada en Trujillo, cargaba con una condena a cadena perpetua y una notificación roja de Interpol. La Policía boliviana lo localizó en un edificio de departamentos comerciales de la avenida Isaac Tamayo, en pleno centro comercial paceño. Cuando advirtió la presencia de los agentes intentó escapar, pero la carrera duró apenas unos instantes.
La escena tiene algo de paradoja. Un hombre que, según la Policía, había recurrido a cirugías para modificar sus orejas, pómulos y cejas con el propósito de dificultar su identificación terminó siendo reconocido a miles de metros de altura, en una ciudad donde presuntamente buscaba pasar inadvertido.
El comandante de la Policía Boliviana, Adrián Álvarez, lo definió como un “blanco de alto valor regional”. No se trata únicamente de la captura de un prófugo. Detrás de su nombre aparece una organización que, según las autoridades, ha conseguido convertir las fronteras en una oportunidad para expandir sus actividades.
“Los Pulpos” nació en Trujillo, en la costa norte peruana, y con el paso de los años evolucionó desde una estructura vinculada inicialmente a robos hacia una organización asociada por las autoridades con extorsiones, secuestros y sicariato. Investigaciones recientes han situado su expansión fuera de Perú, con conexiones señaladas en países como Chile y Argentina y posibles operaciones en Bolivia.

La dimensión transnacional explica buena parte de la importancia atribuida a la captura. En Sudamérica, las organizaciones criminales ya no necesitan controlar un territorio continuo para operar. Les basta con redes de contactos, rutas clandestinas, dinero, comunicaciones y capacidad para trasladar a sus integrantes de un país a otro.
El caso de “Los Pulpos” encaja en esa transformación del crimen regional. Las policías de Perú, Chile, Argentina y Bolivia han incrementado en los últimos meses el intercambio de información y las operaciones coordinadas frente a estructuras que aprovechan la movilidad entre fronteras. La captura de un cabecilla en un país distinto al de origen se convierte así en una pieza más de una batalla que se libra simultáneamente en varias jurisdicciones.
La Policía boliviana recibió la información sobre el paradero del sospechoso la noche del lunes. A partir de entonces, unidades especializadas de inteligencia desplegaron el operativo y establecieron coordinación con la Policía Nacional del Perú y organismos policiales chilenos.
La rapidez de la operación fue determinante. El hombre fue encontrado en un edificio de la avenida Isaac Tamayo y, según la versión policial, intentó escapar al descubrir que había sido ubicado. No pudo hacerlo.
Las autoridades bolivianas señalaron además que el detenido había utilizado procedimientos de cirugía plástica para alterar sus rasgos físicos. El objetivo habría sido dificultar su reconocimiento y prolongar su condición de prófugo.
Pero la transformación física no bastó.
La detención se produjo, además, en un momento particularmente sensible para Perú. La inseguridad, las extorsiones y los homicidios han colocado al crimen organizado en el centro del debate político y social del país. Trujillo, precisamente, se ha convertido en uno de los escenarios más visibles de esa crisis. El Gobierno peruano ha endurecido su discurso contra las organizaciones criminales mientras reclama mayores capacidades para sus fuerzas de seguridad.
El agregado policial peruano confirmó que el detenido tiene una sentencia de cadena perpetua y recordó que “Los Pulpos” comenzó a operar en Trujillo en la década de 1990. Con el tiempo, según las autoridades peruanas, la organización habría ampliado su repertorio criminal hasta convertirse en una de las estructuras más perseguidas del norte del país.
La captura también podría adquirir importancia para una investigación abierta en Trujillo por un hecho ocurrido durante la madrugada del domingo, cuando cuatro personas fueron asesinadas. Por ahora, las autoridades no han establecido públicamente una relación directa entre ese crimen y el detenido. Cualquier vínculo deberá ser determinado por la investigación peruana.
Bolivia, entretanto, prepara su expulsión. Por instrucciones del Ministerio de Gobierno y mediante una resolución de la Dirección General de Migración, estaba previsto que el ciudadano peruano fuera entregado a las autoridades de su país después de completar los procedimientos correspondientes.
Será entonces Perú el que deba cerrar el último capítulo de esta fuga.
La historia comenzó en Trujillo y atravesó las fronteras de un continente donde las organizaciones criminales han aprendido que escapar puede ser tan importante como delinquir. Cambiar de nombre, modificar el rostro, esconderse en otra ciudad y cruzar una frontera pueden retrasar la captura, pero ya no garantizan desaparecer.

