LA PAZ, 25 sep (El Libre Observador) — Entre las paredes de un hospital y bajo vigilancia policial, el expresidente boliviano Luis Arce atraviesa una nueva etapa de un proceso judicial que comenzó tras dejar la presidencia, una detención en una cárcel y que ahora se desplaza al terreno de la salud. Desde el 16 de septiembre permanece internado en el Hospital Arcoíris de La Paz, donde los médicos estudian su condición mientras la Justicia debe definir qué ocurrirá con su detención preventiva.
Arce no está en libertad. Tampoco cumple arresto domiciliario. Sigue siendo un detenido preventivo y permanece bajo custodia policial, aunque su celda ha sido sustituida temporalmente por una habitación hospitalaria para permitirle recibir atención especializada.
La resolución judicial que autorizó su traslado establece que deberá regresar al penal de San Pedro una vez que los médicos determinen su alta, pero también ordena una audiencia para revisar su situación jurídica y considerar medidas más favorables de acuerdo con su estado de salud.
La escena que acompañó su salida de la prisión paceña resumió la paradoja. Arce abandonó San Pedro esposado y escoltado por policías para subir a una ambulancia rumbo al hospital. Antes de partir, ante los medios, el exmandatario se limitó a decir: “Soy inocente de todo”.
Desde entonces, el centro médico se ha convertido en el escenario donde se cruzan dos asuntos que avanzan a ritmos diferentes: la evaluación de una salud deteriorada y la definición de las condiciones en las que el expresidente deberá afrontar el proceso penal.
La directora del Hospital Arcoíris, Yael Cazón, informó que Arce se encuentra estable, aunque requiere completar estudios especializados. Una evaluación reciente identificó una lesión sólida en la región cortical del riñón derecho, además de enfermedad renal crónica en estadio 3b y antecedentes de carcinoma indiferenciado urotelial. El informe médico también registra hipertensión arterial, dislipidemia, vasculitis secundaria, estrés crónico y un trastorno mixto de ansiedad y depresión.

La preocupación médica tiene un antecedente concreto. Arce recibió tratamiento contra el cáncer en Brasil en 2017 y desde entonces ha tenido controles relacionados con aquella enfermedad. Ahora los especialistas buscan establecer si la lesión detectada en el riñón corresponde a una nueva afección o guarda relación con su antecedente oncológico.
Una resonancia magnética permitió avanzar en el estudio de la lesión detectada inicialmente mediante ecografía. Los médicos prevén completar la evaluación con pruebas especializadas antes de determinar el alta y definir el tratamiento que deberá seguir.
Pero cada avance médico tiene una consecuencia judicial. La defensa sostiene que el estado de salud del exmandatario justifica que abandone la prisión y cumpla la medida cautelar en su domicilio. Su abogado anunció previamente que solicitaría el cese de la detención preventiva y plantearía medidas sustitutivas, entre ellas el arresto domiciliario.
El Ministerio Público y las autoridades que intervienen en el proceso mantienen, por su parte, la vigencia de la medida cautelar mientras no exista una nueva resolución judicial. La controversia no gira únicamente alrededor de un diagnóstico: también plantea hasta dónde puede extenderse una detención preventiva cuando el estado de salud del procesado exige atención médica especializada.
Arce permanece detenido desde diciembre de 2025 por una investigación vinculada con el extinto Fondo de Desarrollo Indígena, un proceso que se remonta a su etapa como ministro de Economía durante el Gobierno de Evo Morales. La Fiscalía investiga presuntas irregularidades relacionadas con el manejo y desembolso de recursos públicos de esa institución. Su defensa sostiene que el exministro no tuvo responsabilidad en las operaciones cuestionadas y ha presentado documentación de descargo.
La decisión que permitió su salida temporal de San Pedro fue adoptada a raíz de una acción de libertad presentada en favor del exmandatario. El fallo priorizó su derecho a recibir atención médica y ordenó su internación en un centro especializado, pero dejó expresamente vigente su condición de detenido preventivo. El traslado debía realizarse con escolta policial y Régimen Penitenciario quedó encargado de su custodia.

La resolución abrió, además, una segunda puerta: la revisión judicial de su situación cautelar. Es allí donde puede producirse el próximo giro del caso. La Justicia deberá considerar los informes médicos y escuchar a las partes antes de determinar si corresponde mantener la detención en un centro penitenciario o adoptar una medida distinta.
Por ahora, el expresidente permanece en una situación intermedia y jurídicamente precisa, está hospitalizado, pero continúa detenido. La custodia policial que rodea su habitación recuerda que el traslado no significó el final de la prisión preventiva.
En los próximos días, los informes de los especialistas y la evolución clínica de Arce aportarán elementos para una decisión que excede el ámbito hospitalario. Para la defensa, está en juego la posibilidad de que el exmandatario continúe su tratamiento fuera de la cárcel. Para la Justicia, se trata de determinar las condiciones compatibles con una medida cautelar que permanece vigente.
El caso vuelve así a colocar a Arce en el punto de encuentro entre política, justicia y salud. Esta vez, la pregunta no es si el expresidente está detenido, sino en qué condiciones puede continuar esa detención mientras su estado médico sigue bajo evaluación.

