LA PAZ, 27 feb (El Libre Observador) — Entre restos calcinados, sirenas persistentes y el eco de una ciudad herida, el dinero también ardió. Horas después del accidente aéreo que dejó al menos 15 muertos en El Alto, el Banco Central de Bolivia tomó una decisión la noche del viernes tan simbólica como contundente al declarar que los billetes esparcidos tras el siniestro no valen nada y debían ser destruidos. No por su estado físico, sino por su condición legal.
La advertencia llegó de boca de David Espinoza, presidente del ente emisor, quien se desplazó hasta la zona del impacto para ordenar la incineración del material monetario que aún permanecía en cajas.
“No tienen ningún valor legal”, insistió, y fue más allá: su tenencia o uso constituye un delito. El mensaje buscó cortar de raíz la confusión generada por imágenes de billetes desparramados entre el asfalto y los vehículos destrozados.

El accidente del Hércules FAB-81 de la Fuerza Aérea Boliviana ocurrió tras una excursión de pista en el Aeropuerto Internacional de El Alto, cuando la aeronave terminó invadiendo vías públicas de una de las ciudades más densamente pobladas del altiplano. El saldo de muertos, heridos, destrucción, convirtió la tragedia en una herida abierta. La aparición del dinero añadió un capítulo incómodo: el de la legalidad en medio del caos.
Espinoza explicó que los billetes formaban parte de un embarque destinado a reponer papel moneda en circulación, pero que aún no había cumplido el proceso técnico de “monetización”. Hasta entonces, dijo, son “simplemente material impreso sin valor fiscal alguno”. La precisión técnica se transformó en línea roja: fuera de las bóvedas y sin autorización, el dinero no es dinero.
La escena de la incineración —billetes reducidos a cenizas bajo custodia oficial— buscó restituir un orden simbólico. También enviar una señal inequívoca a una población golpeada por la tragedia y tentada por la excepcionalidad del momento. El Banco Central exhortó a quienes hayan recogido billetes a devolverlos de inmediato a cualquier entidad financiera, y advirtió que las series serán controladas.
Detrás de la medida hay un engranaje mayor. El embarque siniestrado correspondía a entregas programadas dentro de un contrato internacional para la provisión de la nueva familia de billetes, con seguros “de puerta a puerta”. El sistema, insiste el banco, funciona; el accidente, ahora bajo investigación, fue la ruptura.
Pero en El Alto la técnica convive con el duelo. La ciudad que creció junto a su aeropuerto amaneció entre hospitales saturados y preguntas sin respuesta. ¿Qué falló en una terminal extrema por su altitud? ¿Cómo blindar la seguridad donde pista y barrio se rozan?
Mientras avanzan las pericias, el Estado eligió un gesto drástico para cerrar un flanco sensible de quemar el dinero y criminalizar su posesión. En una noche marcada por la muerte, el fuego no solo consumió papel sino impuso la certeza de que incluso en la tragedia, la ley no se negocia.


