LA PAZ, 11 dic (El Libre Observador) – A pocos metros del puesto fronterizo oficial en Desaguadero, la actividad ilegal del contrabando entre Bolivia y Perú avanza sin mayor resistencia.
Productos como carne de cerdo, galletas, sal, herbicidas y madera cruzan diariamente el estrecho a bordo de botes cargados hasta el límite, mientras la frontera se convierte en un paso abierto para el intercambio informal de bienes.
Este miércoles, un equipo periodístico de la red Unitel constató cómo piezas enteras de cerdos y otros bienes son trasladados en botes, mientras desde Perú ingresan muebles y frazadas.
El flujo constante de mercancías en ambas direcciones refleja un sistema bien organizado que opera al margen de la ley y bajo la mirada de controles migratorios limitados, restringidos únicamente al trámite de personas.
La pasada semana, el viceministro de Lucha Contra el Contrabando, Luis Amílcar Velásquez, aseguraba que los controles en Desaguadero habían sido reforzados, citando esfuerzos específicos para detener el contrabando «a la inversa» de productos como el aceite comestible.
Sin embargo, las imágenes captadas este miércoles contrastan con las difundidas anteriormente por las autoridades, donde se observaba una presencia activa de uniformados en la zona.

El vacío en la aplicación efectiva de estas medidas genera cuestionamientos sobre la capacidad de las instituciones para contener el comercio ilegal en esta área crítica.
El contrabando en la frontera no solo afecta la economía formal de Bolivia, sino que también distorsiona los precios de productos básicos en el mercado interno.
Según estimaciones del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), las pérdidas por contrabando en la región andina superan los USD 3.000 millones anuales, un 6% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
La carne de cerdo, uno de los principales productos involucrados, representa un impacto directo para los productores locales, quienes enfrentan una competencia desleal tanto en precios como en distribución. En el caso de herbicidas y sal, la evasión de controles sanitarios plantea riesgos adicionales para los consumidores finales.
El contrabando en Desaguadero es un reflejo de la complejidad en la gestión fronteriza de Bolivia, marcada por recursos insuficientes, corrupción y falta de coordinación interinstitucional. La ausencia de controles efectivos en puntos críticos como este pone en evidencia la necesidad de una estrategia integral que incluya tecnología avanzada, mayor presencia estatal y cooperación binacional con Perú.
Mientras tanto, los habitantes de Desaguadero observan cómo la economía paralela se convierte en el motor de la región, en un equilibrio precario que compromete la seguridad y el desarrollo sostenible de ambas naciones.
El desafío para las autoridades no solo es contener esta actividad ilegal, sino también devolver la confianza a los ciudadanos y garantizar que las fronteras sean espacios de comercio legítimo y desarrollo económico conjunto.


