LA PAZ, 7 nov (El Libre Observador) – Bolivia inicia una nueva etapa económica bajo la gestión del presidente electo Rodrigo Paz, quien, a través de su equipo, presentó este viernes los ejes de lo que denomina su “nueva filosofía” para gobernar y reactivar la economía.
En la clausura de la cumbre empresarial Visión Bolivia 2025, Gabriel Espinoza, jefe del equipo económico, desglosó los tres pilares que orientarán la política económica: apertura al mundo, certeza jurídica y construcción de una ruta compartida entre Estado, empresarios y trabajadores.
El anuncio, realizado en Santa Cruz ante más de dos mil empresarios de los nueve departamentos y delegaciones de 17 países, refleja una intención clara de marcar un contraste con las últimas dos décadas de administración del Movimiento al Socialismo (MAS), caracterizadas por la centralización del poder, cambios legislativos frecuentes y un enfoque ideológico que, según el equipo entrante, priorizó la política sobre la inversión y la eficiencia productiva.
“El primer pilar consiste en abrir las puertas de Bolivia al mundo. La apertura económica no es una amenaza, sino una herramienta para generar crecimiento”, afirmó Espinoza. La propuesta implica recuperar la competitividad internacional, atraer capital y mejorar la productividad, especialmente en sectores estratégicos como hidrocarburos, minería y agroindustria.
La estrategia incluye modernización tecnológica, incentivos a la innovación y simplificación de trámites para exportar, con el objetivo de posicionar al país en los mercados globales.
Sin embargo, la apertura conlleva un desafío político: exigir que el sector privado nacional se fortalezca y compita con estándares internacionales, mientras que la administración debe garantizar estabilidad y reglas claras.
“Queremos que el empresariado boliviano compita en el mundo y gane en los mercados globales. Queremos que las inversiones vuelvan, que el capital fluya”, señaló Espinoza, delineando un discurso que mezcla pragmatismo económico con retórica de recuperación nacional.

El segundo pilar, centrado en la certeza jurídica y la confianza, busca resolver uno de los problemas más persistentes en Bolivia: la percepción de riesgo legal y político para inversores. Espinoza advirtió que “no se va a hacer nunca más uso y abuso del poder estatal para cambiar las reglas, no solamente para la inversión extranjera, sino también para el inversionista nacional”.
La administración busca establecer un marco donde los contratos y las inversiones estén protegidos y la aplicación de la ley sea uniforme, una señal dirigida tanto a inversores internacionales como a empresarios locales que han operado bajo incertidumbre normativa.
Este pilar refleja un giro estratégico: Bolivia, históricamente percibida como un país volátil para negocios, intenta enviar una señal de estabilidad y certidumbre, clave para atraer capital y generar empleo.
Al mismo tiempo, el gobierno reconoce que la recuperación económica debe estar acompañada de sensibilidad social, un equilibrio complejo en un país donde la desigualdad y la pobreza siguen siendo desafíos estructurales.
El tercer pilar propone construir una ruta compartida entre Estado, sector privado y trabajadores. Espinoza enfatizó que “la salida de la crisis no se hace desde un ministerio. Vamos a salir de la crisis con un esfuerzo conjunto: el Estado, los empresarios y los trabajadores, todos juntos”.
La estrategia busca crear un consenso sobre la dirección económica, incorporando a actores sociales y productivos en la formulación y ejecución de políticas, en un intento de evitar el aislamiento que caracterizó a políticas anteriores.
Desde la perspectiva internacional, este enfoque combina liberalización económica con gobernanza participativa, recordando modelos híbridos aplicados en la región donde la inversión extranjera se equilibra con compromisos sociales.
Además, Espinoza anticipó incentivos fiscales para digitalización y modernización industrial, así como la creación de un régimen de estabilidad jurídica que proteja la inversión a largo plazo.
Analistas internacionales destacan que la nueva administración enfrenta un doble desafío: revertir dos décadas de políticas que priorizaron la centralización sobre la competitividad, mientras construye confianza entre actores que históricamente han desconfiado entre sí.
Con indicadores recientes mostrando un crecimiento económico moderado y una inversión extranjera limitada, la agenda de Paz pretende reactivar la economía mediante reglas claras, cooperación público-privada y apertura global.
“Corregir el rumbo de los últimos 20 años tomará tiempo y disciplina”, admitió Espinoza, subrayando que la estabilidad económica deberá ir acompañada de equidad social.

La hoja de ruta presentada este jueves establece un horizonte de política económica que combina pragmatismo, inclusión y apertura al mundo, en un intento por reconciliar crecimiento, inversión y cohesión social en un país que ha visto cómo los conflictos políticos y la incertidumbre regulatoria erosionaron oportunidades económicas y confianza empresarial.
Con este anuncio, Bolivia deja claro que busca posicionarse como un destino atractivo para capitales extranjeros y nacionales, mientras envía un mensaje político: el país pretende pasar de un modelo centrado en el control estatal y la ideología a uno orientado a resultados, cooperación y competitividad internacional.
La cumbre Visión Bolivia 2025 se convirtió así en la primera muestra tangible de la dirección económica que asumirá el gobierno entrante, marcando un punto de inflexión en la narrativa sobre el futuro económico del país.

