LA PAZ, 14 ago (El Libre Observador) — Durante años, en Bolivia el dólar fue una moneda que parecía estar siempre al alcance de la mano. Se utilizaba para ahorrar, comprar una vivienda, importar mercancías o protegerse de la inflación. El tipo de cambio oficial permanecía prácticamente inmóvil y la economía vivía con la sensación de que las reservas internacionales eran un colchón suficientemente grande para garantizar esa estabilidad.
Hoy la escena es diferente. El Banco Central de Bolivia (BCB) ha comenzado a devolver de manera escalonada los depósitos en dólares que permanecían dentro del sistema financiero, en una operación que tiene tanto de mecanismo monetario como de intento de recuperar una confianza que se deterioró durante los últimos años.
Desde este viernes, los ahorristas pueden acceder a depósitos de entre 3.001 y 5.000 dólares, dentro de un cronograma que amplía progresivamente los montos. El BCB ha previsto que el proceso continúe durante los próximos meses y ha comprometido la provisión de dólares en efectivo a las entidades financieras.
La imagen tiene una carga simbólica: un país que durante la bonanza acumuló reservas suficientes para exhibirlas como uno de los pilares de su estabilidad ahora administra cuidadosamente la devolución de cada tramo de divisas.
EL PRINCIPIO DEL PROBLEMA
La crisis no comenzó este viernes ni con el actual Gobierno. Su origen se encuentra en el agotamiento progresivo del modelo económico construido durante los años de abundancia de materias primas.
En 2014, las reservas internacionales bolivianas superaban los 15.000 millones de dólares. Una década después habían caído por debajo de los 2.000 millones, mientras la producción y las exportaciones de gas natural, durante años una de las principales fuentes de divisas del país, perdían fuerza. La economía está atrapada entre la escasez de dólares, la reducción de las importaciones, la falta de combustibles y el crecimiento de un mercado paralelo de divisas.
El problema dejó de ser una estadística del Banco Central y comenzó a sentirse en la calle. Empresas que necesitaban dólares para importar tuvieron dificultades para pagar a proveedores; algunos negocios redujeron sus existencias; y ciudadanos y comerciantes acudieron al mercado informal cuando no conseguían la moneda estadounidense en las entidades financieras.
La escasez también comenzó a modificar las expectativas. En una economía acostumbrada durante años a un tipo de cambio oficial estable, la aparición de un mercado paralelo significó algo más profundo que una diferencia de precios: reveló que el dólar oficial ya no reflejaba completamente la tensión existente en el mercado.

EL DÓLAR COMO TERMÓMETRO DE LA CRISIS
La crisis cambiaria se convirtió así en un termómetro de la economía boliviana.
En 2024, el Gobierno de Luis Arce intentó contener la presión sobre las divisas con medidas destinadas a aumentar las exportaciones, atraer inversiones y reducir las restricciones a determinadas actividades productivas. Pero la falta de dólares persistió. Le cerraron los grifos desde la Asamblea Legislativa que no aprobó créditos como lo hacen ahora en la gestión de Rodrigo Paz.
La situación se agravó por la pérdida de dinamismo del sector energético. Bolivia había construido buena parte de su capacidad para generar divisas alrededor del gas natural, pero la caída de la producción y de las exportaciones redujo uno de los principales canales de ingreso de moneda extranjera. Reuters señaló que las exportaciones de gas habían disminuido aproximadamente a la mitad en una década.
El resultado fue una economía cada vez más necesitada de dólares y, al mismo tiempo, con menos capacidad para generarlos.
La paradoja se volvió evidente: Bolivia necesitaba divisas para importar combustibles, alimentos, medicamentos, maquinaria e insumos productivos, pero necesitaba precisamente esas importaciones para mantener funcionando una economía que generaba cada vez menos dólares.
EL CAMBIO POLÍTICO NO BORRÓ LA HERENCIA
Rodrigo Paz asumió la Presidencia en noviembre de 2025 en medio de una economía exhausta y con la promesa de cambiar el rumbo. La crisis cambiaria formó parte del pesado legado recibido por su Gobierno.
Los primeros meses de la nueva administración estuvieron marcados por la búsqueda de financiamiento externo, medidas de emergencia y una flexibilización del régimen cambiario. Pero la presión no desapareció.
En mayo y junio de 2026, cuando el país atravesaba además una crisis de combustibles y una ola de protestas y bloqueos, el dólar volvió a convertirse en una señal particularmente sensible.
El problema ya no era únicamente conseguir dólares. Era cuánto costaba conseguirlos y qué expectativas generaba esa diferencia en una sociedad que había vivido durante años bajo una relativa estabilidad cambiaria.
LA ESTRATEGIA DEL BCB: DEVOLVER, PERO POR ETAPAS
En ese contexto se entiende la decisión del Banco Central de devolver progresivamente los recursos en dólares al sistema financiero para intentar recuperar la confianza del público, pero ya con un dólar oficial flexible que comenzó con 9,73 boliviano y a la fecha llegó a 11,58.
La primera etapa de la devolución comenzó en enero de 2026 con depósitos de hasta 1.000 dólares. El BCB explicó entonces que la medida buscaba restablecer la certidumbre en la provisión de la divisa y que alcanzaría a más de 770.000 ahorristas y unas 20.000 pequeñas empresas.
La segunda fase eleva ahora el umbral. El cronograma oficial contempla sucesivos tramos hasta alcanzar depósitos de mayor cuantía. De acuerdo con la programación publicada por el BCB, el proceso de devolución a las entidades financieras se extiende más allá de los primeros meses de 2027 y contempla diferentes fases según el tipo de depositante.
UNA ECONOMÍA QUE TODAVÍA MIRA AL DÓLAR
El dato más importante quizá no sea el monto que puede retirar hoy un ahorrista, sino lo que significa que el Banco Central tenga que organizar una devolución escalonada de dólares.
La medida muestra que la normalización no será inmediata. Requiere administrar liquidez, fortalecer las reservas y recuperar gradualmente la capacidad de responder a la demanda de divisas.
El BCB ha insistido en que la devolución se realizará de forma ordenada y que proporcionará efectivo a las entidades financieras. Pero la recuperación de la confianza dependerá de algo más difícil de decretar: que los bolivianos vuelvan a sentir que conseguir dólares en el sistema financiero es una operación ordinaria y no una carrera contra la escasez.
Por ahora, el país sigue transitando una economía en transformación. El dólar, que durante la bonanza parecía una pieza silenciosa del paisaje financiero, se convirtió en uno de los protagonistas de la crisis.
Y la pregunta que queda abierta es si la devolución progresiva de depósitos será el comienzo de la normalización que promete el Gobierno o apenas una estación intermedia en un camino mucho más largo que es el de reconstruir las reservas, recuperar las exportaciones, generar nuevas fuentes de divisas y devolver a la moneda boliviana una estabilidad que durante años pareció garantizada.
Bolivia ha comenzado a devolver dólares. Ahora necesita volver a generarlos.

