LA PAZ, 26 may (El Libre Observador) – Las montañas se cubren de un cielo límpido y amenazante en el altiplano boliviano, mientras las autoridades activan una alerta roja nacional ante el ingreso de un frente frío polar que, desde este miércoles, provocará un brusco descenso de temperaturas en siete de los nueve departamentos del país.
El fenómeno ha obligado recomendar la suspender clases presenciales en varias ciudades, ante el riesgo de enfermedades respiratorias en medio del ya frágil sistema de salud pública.
La medida fue anunciada por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), que alertó sobre un descenso de hasta 12 grados centígrados en regiones que ya viven condiciones de frío extremo, especialmente en los valles altos y zonas del sur y centro del país.
Las heladas anticipadas se perfilan como una amenaza directa a la agricultura familiar y a las comunidades rurales que dependen de pequeños cultivos.
“Este fenómeno afectará a Santa Cruz, Beni, Pando, La Paz, Chuquisaca, Cochabamba y Tarija. La alerta roja estará vigente desde el 28 de mayo hasta el 3 de junio”, precisó Enrique Peñarrieta, jefe de Climatología del Senamhi.
El funcionario enfatizó que, aunque se ha viralizado en redes sociales la expresión “bomba polar”, el fenómeno no tiene esa magnitud, pero sí amerita precaución por su impacto regional.

El frente frío viene acompañado de fuertes ráfagas de viento y una drástica disminución de la sensación térmica, producto del choque entre masas de aire frío y cálido. “Es importante evitar cambios bruscos de temperatura y abrigarse bien. La población debe tomar recaudos serios”, advirtió Peñarrieta.
En respuesta, el Gobierno boliviano activó medidas excepcionales en el sector educativo. La ministra de Salud, María René Castro, recomendó que las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Sucre pasen a clases virtuales del 27 al 30 de mayo. En los demás departamentos, se evaluará si la enseñanza se mantiene de forma presencial o en modalidad híbrida, según el grado de afectación en cada municipio.
“Esta recomendación parte de la situación epidemiológica actual. Las infecciones respiratorias aumentan con el frío, y queremos evitar saturación en los centros de salud”, explicó la ministra.
El ministro de Educación, Omar Veliz, instruyó a los directores departamentales a aplicar protocolos de bioseguridad y adecuar los horarios escolares. “No podemos descuidar la salud de nuestros estudiantes. Hay que actuar con prudencia y responsabilidad”, señaló.

La vida rural, mientras tanto, enfrenta un riesgo mayor: los cultivos de papa, maíz y hortalizas están en fase de brote en muchas regiones de los valles intermedios. En municipios como Tarata o Mizque (Cochabamba) y Camargo (Chuquisaca), las familias ya comenzaron a cubrir sus parcelas con plásticos, sabiendo que una helada puede significar perder la cosecha del año.
“No hay mucho que podamos hacer. Si viene la helada fuerte, nos quedamos sin nada”, cuenta Esteban Quispe, campesino del valle alto cochabambino. Las heladas no solo afectan la producción, sino que inciden en la seguridad alimentaria de cientos de comunidades, en un país donde gran parte del abastecimiento interno proviene de la agricultura a pequeña escala.
En las ciudades, además, la ola de frío pone en evidencia la vulnerabilidad estructural de muchas viviendas, escuelas y hospitales. En zonas periféricas de El Alto o La Paz, donde las construcciones precarias abundan, los vecinos intentan reforzar techos con lonas plásticas y sellar ventanas improvisadas para enfrentar las noches gélidas.
El fenómeno climático llega en un contexto económico tenso. Bolivia atraviesa un período de inflación moderada, con aumento en los precios de alimentos y combustibles, lo que agrava el impacto del frío en las familias más pobres.


