LA PAZ, 22 sep (El Libre Observador) — Bolivia se adentra en un terreno inexplorado de su historia democrática. Por primera vez, una elección presidencial se definirá en segunda vuelta, el próximo 19 de octubre, y los respaldos políticos se han convertido en monedas decisivas de negociación. Este lunes, la alianza Unidad de Samuel Doria Medina, tercera fuerza en la primera vuelta del 17 de agosto, reafirmó su apoyo al binomio de centro Rodrigo Paz y Edman Lara (PDC), prometiendo garantizar la gobernabilidad en el Congreso.
El anuncio llega con una carga simbólica y práctica. La agrupación de Doria Medina consiguió ocho senadores y 28 diputados, suficientes para inclinar la balanza en la Asamblea Legislativa Plurinacional. En un escenario donde ningún partido controla por sí solo las cámaras, esa bancada es la llave de la estabilidad.
Alejandro Reyes, diputado electo y coordinador de Unidad, lo dejó claro: “Unidad tiene la llave de la gobernabilidad. No vamos a ser mezquinos con el pueblo boliviano. Vamos a ayudar en todo sentido con los próximos gobernantes, sea quien sea”.

La apuesta de Unidad se refuerza con hechos. Reyes viajó a Estados Unidos junto a Paz, donde el candidato del PDC mantuvo reuniones con organismos internacionales y financieros. Según explicó, se trató de mostrar el plan económico y explorar créditos para dar certidumbre a un país marcado por la desaceleración y la crisis de confianza. “Samuel cumple su palabra de apoyar a quien ganó en la primera vuelta”, insistió Reyes.
Rodrigo Paz Pereira, de 57 años, intenta consolidar su perfil como un político centrista que ofrece renovación generacional y apertura a sectores urbanos y juveniles. Hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), ha diseñado un discurso más pragmático que ideológico, en contraste con su rival, Jorge “Tuto” Quiroga, de 65 años, exmandatario interino a inicios de la década de los 2000, que ahora representa a la derecha liberal con un programa orientado a privatizaciones y apertura económica.
La segunda vuelta no solo definirá quién ocupará el Palacio Quemado hasta 2030. También pondrá a prueba la capacidad del sistema político boliviano para manejar pactos y coaliciones, algo poco habitual en un país acostumbrado a mayorías contundentes. Con casi 8 millones de electores habilitados, entre ellos 370.000 residentes en el exterior, el resultado marcará un precedente sobre cómo se construye poder en la Bolivia contemporánea.
En ese tablero, el apoyo de Doria Medina a Paz no es un simple gesto electoral: es un recordatorio de que, en un Congreso fragmentado, el verdadero pulso del futuro gobierno dependerá menos de la aritmética del balotaje y más de la capacidad de tejer acuerdos en los pasillos legislativos.

