LA PAZ, 19 feb (El Libre Observador) — El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, afirmó este jueves que en sus primeros 100 días de gestión logró “estabilizar” el país, especialmente en el ámbito económico, tras recibir –según sostuvo– “un Estado tranca y con trampas” y en medio de resistencias a las reformas impulsadas por su Gobierno.
En un mensaje grabado al cumplirse cien días desde que asumió el cargo el 8 de noviembre, difundido inusualmente en las primeras horas de la madrugada del jueves y sin dar explicaciones sobre esta situación, el mandatario hizo un balance de su administración y defendió las medidas adoptadas para enfrentar la volatilidad cambiaria, el déficit fiscal y la escasez de combustibles registrada a finales del año pasado.
“El primer paso era estabilizar la economía. En el momento de estabilizar teníamos que tomar una acción definitiva que es la subvención”, señaló Paz al justificar la eliminación del subsidio a la gasolina y el diésel, decisión que calificó como necesaria para corregir distorsiones estructurales.

El eje de su discurso fue la estabilización cambiaria. Paz sostuvo que cuando llegó al poder, el 8 de noviembre, el dólar se movía entre 14 y 20 bolivianos en el mercado paralelo, reflejo de una crisis de liquidez y de la escasez de divisas. Hoy, afirmó, la cotización se sitúa en torno a los 9 bolivianos, una cifra que presentó como prueba de que la confianza ha comenzado a regresar.
“Hemos logrado estabilizar el dólar y que la gente tenga confianza en la economía”, dijo, al reconocer que el escenario sigue siendo complejo, pero “ha cambiado”. En su narrativa, la estabilidad no es solo un dato financiero, sino un símbolo político: la señal de que el país puede recuperar el rumbo tras meses de incertidumbre.
La medida más controvertida de su corto mandato —la eliminación de la subvención a la gasolina y el diésel— ocupó un lugar central en el balance. Paz defendió la decisión como una acción “definitiva” para corregir lo que describió como una distorsión estructural.
Aseguró que hasta un 40 % de los recursos destinados a ese subsidio terminaban en el contrabando o en redes de corrupción. “Usaron la subvención para generar una suerte de trampa en la realidad del mercado”, afirmó.

La supresión del subsidio se produjo en un contexto de largas filas en estaciones de servicio y creciente malestar social. Para el presidente, sin embargo, el costo político era inevitable si se pretendía reducir el déficit fiscal y “ordenar las cuentas públicas”. Su discurso apostó por un mensaje de sacrificio presente a cambio de certidumbre futura.
El mandatario también evocó el clima que encontró al asumir el poder: instituciones debilitadas, un aparato estatal desordenado y lo que calificó como estructuras capturadas por intereses particulares. En contraste, aseguró que la percepción de estabilidad ha reducido incluso la intención de emigrar entre los jóvenes. “Bolivia tiene fe, tiene esperanza y tendrá mejores días”, repitió como consigna.
No faltaron las acusaciones. Paz habló de “traidores a la patria” para referirse a sectores que, según dijo, obstaculizan las reformas y están vinculados con irregularidades. Aseguró que su Gobierno impulsa procesos judiciales contra exautoridades implicadas en hechos de corrupción, en una señal de que la confrontación política seguirá siendo parte del paisaje.
En el plano internacional, el presidente reivindicó una política exterior más activa. Destacó la participación de Bolivia en el Mercosur, encuentros multilaterales en Panamá y gestiones para fortalecer vínculos con Estados Unidos, la Unión Europea y países vecinos. “Estamos trabajando para que el mundo venga a Bolivia y nosotros poder ir al mundo”, afirmó, en un intento por proyectar normalidad y apertura.
Pese al tono optimista, Paz reconoció que la estabilización es apenas el inicio. Admitió que queda por fortalecer instituciones que “no están trabajando como deberían” y anunció que 2026 estará dedicado a consolidar su visión mediante reformas legales y administrativas.

