LA PAZ, 9 mar (El Libre Observador) — La escalada internacional de los precios del petróleo y el fortalecimiento del dólar comienzan a proyectar nuevas tensiones sobre la economía de Bolivia, en un momento delicado para el Gobierno tras la reciente eliminación de la subvención a los combustibles.
El economista boliviano Fernando Romero advirtió este lunes que la combinación de un crudo más caro y una moneda estadounidense al alza, impulsadas por el conflicto bélico en Medio Oriente, podría traducirse en mayores presiones fiscales, cambiarias y energéticas para el país sudamericano.
Según Romero, los principales indicadores del mercado energético internacional han registrado fuertes aumentos en los últimos días. Las referencias del crudo West Texas Intermediate (WTI) y Brent crude cerraron el fin de semana por encima de los 100 dólares por barril, mientras que en la apertura de esta semana los precios llegaron a dispararse cerca de los 120 dólares tras la volatilidad en los mercados globales.
Al mismo tiempo, el dólar estadounidense ha retomado fuerza en el escenario internacional, una tendencia que también repercute en Bolivia, donde la divisa se cotiza por encima de los 9,50 bolivianos en el mercado paralelo, reflejo de la presión sobre el sistema cambiario.
El contexto se vuelve especialmente sensible después de que el Gobierno boliviano decidiera en diciembre retirar la subvención generalizada a los combustibles, una medida que vinculó el precio interno de la gasolina y el diésel a la dinámica del mercado internacional.
En la práctica, eso significa que cualquier aumento en el precio del crudo impacta directamente en el costo de importación de carburantes. Para Romero, si la tendencia alcista persiste, el país podría enfrentar en los próximos meses un mayor gasto para adquirir petróleo y derivados en el exterior, lo que presionaría tanto las finanzas públicas como el mercado de divisas.

“Con simples palabras, podríamos tener pronto diésel y gasolina más costosos, pero sin garantías en cantidad ni calidad”, advirtió el economista.
Una posible respuesta del Gobierno sería reconsiderar la política de subsidios energéticos, una medida que históricamente ha buscado contener el impacto social del precio de los combustibles. Sin embargo, esa alternativa implicaría un aumento del gasto público y probablemente mayores niveles de emisión monetaria.
El escenario plantea un delicado equilibrio para las autoridades económicas. De persistir las tensiones en los mercados energéticos internacionales, el país podría enfrentar un círculo de presiones que combine mayor inflación, costos energéticos más elevados y tensiones financieras.
Actualmente, tras la eliminación del subsidio, el litro de gasolina especial se comercializa en Bolivia en torno a los 6,96 bolivianos, el diésel a 9,80 bolivianos y la gasolina premium cerca de 11 bolivianos. La estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) ha anticipado que en junio se revisará nuevamente la estructura de precios.
Mientras tanto, la volatilidad en los mercados globales continúa. Este lunes, varias bolsas internacionales registraron caídas y los precios del petróleo llegaron a dispararse alrededor de un 30 %, un movimiento que vuelve a situar la seguridad energética en el centro de las preocupaciones económicas globales.

