Por Vladimir Huarachi Copa
LA PAZ, 6 abr (El Libre Observador) — Es sabido que la democracia boliviana se ha venido corroyendo durante los últimos años; sin embargo, hoy parece encaminarse a su colapso como consecuencia de la permanente intromisión a la que están sometidas las instituciones que la sostienen. En contraposición a este escenario calamitoso, en la nueva legislatura en la que se ha embarcado el país, el senador Nilton Condori ha salido a explicar aquello que ya se sabía sobre la hermenéutica de trabajo de senadores y diputados: un desempeño mediocre que no justifica los salarios que perciben.
Precisamente en torno a ese salario es que el senador Condori ha iniciado una gira nacional con el fin de reunirse con organizaciones sociales, impulsar un cabildo nacional y, posteriormente, un referéndum que refrende la reducción de sueldos de senadores y diputados, quienes actualmente perciben Bs. 23.000, además de otros beneficios. La justificación de esta ruta radica en que los propios legisladores no reducirían sus ingresos mediante una ley, abriendo paso a una medida de corte populista en la que el “pueblo” se impondría sobre sus representantes en ambas cámaras de la Asamblea Legislativa.
¿Por qué recurrir a un cabildo para luego promover un referéndum? Porque, según esta narrativa, los actores políticos que se asumen como demócratas carecen de la moral suficiente para encarar temas que aporten al bien común. Por el contrario, continúan conviviendo con prácticas de corrupción heredadas del anterior gobierno. Bajo esta lógica, tampoco serían dignos representantes del pueblo. Pero cabe preguntarse: ¿de qué pueblo se habla? Del “pueblo puro” al que se apela para legitimar las cinco preguntas que serán tratadas en el cabildo fijado para el 11 de abril del presente año.
En esa línea, el cabildo abordará los siguientes puntos: (1) austeridad mediante la reducción inmediata de sueldos en los tres niveles de gobierno y los cuatro órganos del Estado; (2) fin de los privilegios de la “vieja política”, eliminando las rentas vitalicias para ex presidentes y ex vicepresidentes; (3) refundación del Estado a través de la reforma de la Constitución Política; (4) una justicia independiente mediante la reestructuración profunda del Órgano Judicial; y (5) mano dura contra el crimen y la corrupción, incluyendo la implementación de cadena perpetua e incluso pena capital para determinados delitos. Un conjunto de propuestas que, más allá de su carga simbólica, apelan a un sentimiento de indignación generalizada.

A ello se suma el anuncio de que el “pueblo” otorgará un plazo de 15 días para el tratamiento de dos proyectos de ley: la eliminación de la renta vitalicia y la reducción de salarios. En caso de incumplimiento, se advierte que habrá consecuencias, aunque estas no se precisan con claridad.
En este contexto, cabe preguntarse si este cabildo tendrá viabilidad en el corto plazo o si, más bien, estamos asistiendo a la construcción de un escenario ficticio. Todo indica que su concreción inmediata es improbable, tal como el propio senador Condori lo ha reconocido. No obstante, en un país atravesado por una creciente crisis económica y energética, lo que hoy parece improbable podría encontrar terreno fértil mañana.
Por ello, más que profundizar salidas de carácter populista, resulta imperativo que el gobierno democráticamente electo y los legisladores asuman la responsabilidad de articular un proyecto común de país, dejando de lado la lógica clientelar que ha marcado su accionar hasta ahora. De no hacerlo, el deterioro de la democracia no solo continuará, sino que podría incluso acelerarse de manera irreversible.

