Por Camilo Marín Ch.
LA PAZ.- En el escenario político boliviano, se gesta una confrontación intensa entre facciones del Movimiento Al Socialismo (MAS), encabezadas por el expresidente Evo Morales, bajo la bandera de lo que ellos llaman la “retoma del poder”. Este movimiento, a través de una arremetida repleta de denuncias, falsedades y medias verdades, ataca de manera implacable al gobierno actual de Luis Arce.
La artillería de críticas y ataques de los ‘evistas’, que es una muestra clara de la prematura guerra preelectoral, no solo apunta a debilitar la gestión de Arce, sino que revela un choque de intereses enquistados en el pasado. Durante los años de Evo Morales en el poder, se tejió una red de favores, enriquecimiento y corrupción que ahora se siente amenazada por las políticas transparentes y progresistas de la actual administración.
Estos embates ‘evistas’ no son meramente políticos; representan un intento desesperado por mantener privilegios y proteger intereses particulares, incluso utilizando medios y espacios como el canal Aby Ayala, obsequiado al grupo de Evo Morales por Irán, para difundir mensajes que erosionan la credibilidad del gobierno actual.

El ataque no solo se limita a la figura del gobierno de Arce, sino que impacta directamente en la estabilidad económica y social del país. Las empresas estratégicas como YPBF, Entel, ENDE, además de las descentralizadas ASFI, ASP-B, INRA, EGPP, AJAM, Gestora, Aduana Nacional. entre otros, están en la mira de esta estrategia de desacreditación.
Incluso utilizan a infiltrados “evistas” en el Gobierno y medios de comunicación del Estado, como es el caso del “pseudoperiodista”, Horacio Martínez, quien se arropó en los movimientos sociales para atacar al Gobierno con denuncias falsas. Además, de chantajear a algunas entidades para pedir auspicio.
La necesidad imperiosa es que los ciudadanos reconozcan estos movimientos como obstáculos para la construcción de un país más justo y equitativo. La historia enseña que los intereses personales y las divisiones partidistas no pueden prevalecer sobre el bienestar colectivo de la nación.
Es hora de despertar y demandar un compromiso genuino por parte de los líderes políticos para trabajar por el verdadero progreso de Bolivia, dejando de lado confrontaciones partidistas y priorizando el bien común de todos los bolivianos.

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