LA PAZ, 26 ago (El Libre Observador) – El Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirmó este martes lo que ya se anticipaba tras la jornada electoral del 17 de agosto: Bolivia se encamina a un balotaje inédito entre Rodrigo Paz, candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y Jorge “Tuto” Quiroga, de la alianza Libre.
La segunda vuelta, fijada para el 19 de octubre, no solo enfrentará a dos políticos con trayectorias muy distintas, sino que sella simbólicamente el declive del Movimiento al Socialismo (MAS), la fuerza que dominó la política boliviana durante casi dos décadas.
Los resultados oficiales proclamados este martes muestran que Paz alcanzó el 32,06% de los votos, seguido de Quiroga con el 26,70%. Samuel Doria Medina quedó relegado con el 19,69% y el MAS, que bajo la figura de Evo Morales gobernó el país entre 2006 y 2019 y luego con Luis Arce desde 2020, apenas cosechó un 3,17%.
Para una organización que llegó a controlar todos los resortes del poder, se trata de una caída histórica que pone en cuestión la continuidad misma del proyecto político que alguna vez fue hegemónico.

El eclipse del MAS
La debacle del MAS no puede entenderse sin la erosión acumulada en los últimos años. Tras la convulsión política de 2019, que forzó la salida de Morales y abrió una transición accidentada, el partido volvió al poder en 2020 con Luis Arce. Sin embargo, la división interna entre el “arcismo” y el “evismo” fracturó la organización, debilitando su narrativa de unidad y su capacidad de retener apoyo social.
En estas elecciones, el MAS no logró superar siquiera el umbral de las fuerzas medianas, quedando detrás de bloques regionales y coaliciones improvisadas. Su votación reducida lo coloca al borde de una crisis existencial: sin representación significativa en el balotaje y con una bancada parlamentaria menguada, su futuro dependerá de si logra reinventarse como oposición o queda relegado a la irrelevancia.
El retroceso del MAS también tiene un trasfondo sociopolítico. Sectores urbanos de clase media y regiones del oriente, especialmente Santa Cruz, se alejaron del partido, cansados del discurso confrontativo y de la percepción de corrupción y estancamiento.
Incluso en áreas rurales, donde se sostuvo su base más fiel, emergieron nuevas expresiones políticas que disputaron su monopolio.
El retorno de un viejo conocido
En contraposición al derrumbe del MAS, el balotaje devuelve al centro de la escena a un viejo protagonista: Jorge “Tuto” Quiroga. Exvicepresidente de Hugo Banzer y presidente interino entre 2001 y 2002, Quiroga parecía retirado de la política tras sucesivos intentos fallidos de volver al poder. Su candidatura en 2025, articulada en torno a un discurso liberal-conservador y promercado, encontró eco en sectores que buscaban estabilidad y experiencia frente al vacío dejado por el MAS.
La posibilidad de que Quiroga dispute la presidencia más de dos décadas después de su mandato refleja tanto la debilidad del sistema político boliviano, que recicla figuras tradicionales, como la incapacidad de generar liderazgos completamente nuevos. Su rival, Rodrigo Paz, representa en cambio una generación intermedia: hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, combina apellido histórico con una narrativa de renovación democrática.

Fin de una era, comienzo de otra
Más allá de quién resulte vencedor en octubre, el escenario político boliviano ya muestra signos de un reacomodo profundo. Dos partidos históricos –Unión Cívica Solidaridad (UCS) y Acción Democrática Nacionalista (ADN)– perdieron su personería jurídica, cerrando capítulos importantes de la política de finales del siglo XX. El MAS, por su parte, enfrenta el dilema de sobrevivir como una fuerza minoritaria o desaparecer bajo sus propias divisiones.
La campaña rumbo al balotaje será corta y tensa. Paz deberá consolidar su imagen de renovación y tender puentes hacia sectores moderados, mientras Quiroga apelará a su experiencia y a una narrativa de orden y apertura internacional. Ambos candidatos saben que la votación del 19 de octubre no será solo una elección presidencial, sino un plebiscito sobre el rumbo que tomará Bolivia en vísperas de su Bicentenario.
En el trasfondo, queda la sensación de un país que cerró un ciclo: el del MAS como fuerza dominante. Lo que se abre es un tablero político más fragmentado, en el que las viejas élites y nuevas generaciones deberán disputar no solo el poder, sino también el relato sobre lo que Bolivia quiere ser en el siglo XXI.

