LA PAZ, 9 oct (El Libre Observador) — Bolivia entra en la recta final de una campaña tensa, marcada por la incertidumbre económica y un clima político de creciente polarización. Este domingo, los dos aspirantes que se disputan la presidencia, Rodrigo Paz Pereira y Jorge “Tuto” Quiroga, se verán frente a frente en el debate presidencial más decisivo desde el retorno de la democracia. Será la antesala del primer balotaje presidencial en la historia del país, previsto para el 19 de octubre.
El encuentro, organizado por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), se desarrollará en el Hotel Real Plaza, en el corazón de La Paz, a partir de las 21:00, con transmisión nacional e internacional. Los candidatos abordarán once ejes temáticos que concentran los principales desafíos de Bolivia: desde la economía y la justicia hasta el litio, los hidrocarburos, la educación y la agricultura.
El vocal del TSE, Gustavo Ávila, explicó que el formato del debate fue revisado tras el cruce vicepresidencial del pasado domingo. “Se ampliaron los tiempos de intervención y se ajustó la participación de los moderadores para garantizar equidad y dinamismo”, precisó.
Más allá de la logística, el encuentro llega en un contexto enrarecido. La guerra sucia en redes sociales, la fragmentación del voto y el creciente desencanto ciudadano han definido una campaña sin mayorías claras. Para muchos analistas, el debate puede ser el punto de inflexión que incline la balanza en una elección en la que ninguno de los candidatos supera el 40% de intención de voto, según los últimos sondeos.

Dos proyectos, dos generaciones
Rodrigo Paz, de 57 años, es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora y representa a un bloque de centro liberal que intenta canalizar el voto urbano y moderado. Su campaña se apoya en la promesa de renovación generacional, eficiencia institucional y fomento del empleo joven.
En el extremo opuesto, Jorge “Tuto” Quiroga, de 65 años, exmandatario entre 2001 y 2002, lidera la Alianza Libre, una coalición de corte ultraliberal que propone la apertura a la inversión extranjera, privatizaciones y un giro hacia políticas de libre mercado. Su discurso reivindica la estabilidad macroeconómica y la “reconexión de Bolivia con el mundo”.
Las estrategias de ambos reflejan el contraste de dos generaciones políticas: Paz apela al cambio sin ruptura, mientras Quiroga ofrece experiencia y orden en un país donde el descontento con la clase política tradicional es profundo.
Un país expectante ante el primer balotaje
La segunda vuelta del 19 de octubre marcará un hito histórico: será la primera vez que los bolivianos acudan a las urnas para elegir presidente mediante balotaje. El padrón electoral habilitó a 7,9 millones de votantes, incluidos 370.000 bolivianos en 22 países.
El TSE busca reforzar la confianza ciudadana tras años de desconfianza institucional, crisis poselectorales y denuncias de fraude en procesos anteriores. La organización del debate, la capacitación de jurados y el despliegue de observadores internacionales pretenden asegurar transparencia y previsibilidad.
En un país marcado por la desigualdad y la volatilidad política, el debate promete ser un termómetro del estado de ánimo nacional. No solo pondrá a prueba los programas de los candidatos, sino su capacidad de conectar con una ciudadanía que exige certezas en tiempos inciertos.
El vencedor asumirá el 8 de noviembre y gobernará hasta 2030, en un escenario regional convulso y con la economía boliviana bajo presión por la caída de las reservas internacionales y el déficit fiscal más alto de la última década.
En palabras del analista Carlos Cordero, “el debate será más que un intercambio de propuestas: será una radiografía del país que Bolivia quiere ser en los próximos años, atrapado entre el pragmatismo y la nostalgia, entre el cambio y el retorno al pasado”.
Mientras tanto, el país entero mira hacia el domingo. En el aire flota una pregunta que trasciende la coyuntura electoral: ¿podrá Bolivia reconciliar su democracia con la esperanza?

