LA PAZ, 26 ago (El L)ibre Observador) — Ocho días después de que el nombre de Fernando Cerimedo quedara atrapado en una controversia que amenaza con proyectarse sobre el entorno del poder boliviano, el presidente Rodrigo Paz decidió hablar. Lo hizo para reconocer que el estratega argentino colaboró con su campaña electoral y también durante los primeros momentos de su Gobierno. Pero, en la misma intervención, Paz enfatizó que nunca tuvo autorización para representar oficialmente a la Presidencia, al Ejecutivo ni a su familia.
La declaración llega en un momento especialmente delicado. La investigación de un intento de feminicidio ha colocado el nombre del consultor argentino en el centro de una discusión que ya no se limita a un episodio privado. La cuestión que ahora gravita sobre el poder es hasta dónde llegó la relación entre el estratega y el presidente y qué tipo de acceso o influencia tuvo durante la campaña y después de la victoria electoral.
Paz escogió una fórmula defensiva, pero también reveladora. Reconoció el vínculo político y profesional, aunque negó que este se hubiera convertido en una relación institucional.
“Cuando ganamos en primera vuelta y llegamos a la segunda vuelta electoral en Bolivia, se generó un contacto con el señor Cerimedo para trabajar, siendo un estratega de reconocimiento mundial, en nuestra campaña electoral”, afirmó.
Según el relato presidencial, Cerimedo había llegado inicialmente a Bolivia para trabajar con otros candidatos. El escenario cambió cuando Paz avanzó hacia la segunda vuelta. Entonces se produjo el contacto con su equipo y el argentino terminó colaborando en la campaña que llevó al actual mandatario al poder.
La relación, sin embargo, no habría terminado con las urnas. “Ganamos las elecciones y, a partir de ello, no solo cooperó en esa elección, sino también al inicio del Gobierno”, admitió Paz.
Es precisamente en ese punto donde el presidente establece el límite que considera esencial. Asegura que nunca existió un contrato ni una relación laboral directa y que la permanencia de Cerimedo en Bolivia no era suficientemente constante como para establecer una estructura formal de trabajo.

“Por eso, nunca hubo un contrato. Por eso, nunca hubo una relación de trabajo directa como la que se puede llevar adelante con ministros, viceministros o delegados presidenciales”, sostuvo.
La negación más contundente llegó después. “El señor Cerimedo jamás tuvo la autorización de representar al Estado boliviano, a la Presidencia, al Gobierno o a mi familia”, dijo Paz.
La frase busca cerrar una de las preguntas que han acompañado la polémica: si la cercanía con el mandatario durante la campaña y los primeros meses de Gobierno pudo traducirse en alguna forma de representación o interlocución oficial. Paz sostiene que no. Para él, la representación institucional requiere un mandato explícito y recae en ministros, viceministros o delegados presidenciales.
El presidente también vinculó sus primeras explicaciones con la investigación por el intento de feminicidio y defendió que las autoridades actúen sin presiones. Aseguró que pidió a la Policía Nacional realizar todas las investigaciones pertinentes y que el Ejecutivo garantizará un proceso transparente.
“Dimos todas las garantías para que las investigaciones sean transparentes, sean pulcras y estén en la búsqueda de la verdad para todos los bolivianos”, manifestó.
Paz insistió en que la investigación debe construirse sobre hechos comprobables y no sobre el ruido político. “No sobre escándalos, sino sobre pruebas. El escándalo no es una prueba”, afirmó.
Después desplazó el foco hacia su familia, a la que presentó como víctima potencial de una campaña de descrédito. Habló de sus valores, de su esposa y de sus hijos, y reivindicó una vida familiar asentada, dijo, en la solidaridad, la fe y el servicio público.

Pero la cuestión de Cerimedo queda ahora explícitamente reconocida por el propio presidente. El vínculo existió, alcanzó la campaña electoral y se prolongó hasta los primeros días del Gobierno. Lo que Paz niega es que aquella colaboración haya convertido al consultor argentino en representante del poder presidencial.
Ocho días después de guardar silencio, el mandatario ha ofrecido así su propia versión: Cerimedo estuvo cerca de la campaña que ganó y colaboró al comienzo de su Administración, pero nunca, según Paz. habló ni actuó con mandato oficial en nombre del Gobierno boliviano.

