LA PAZ, 26 ago (El Libre Observador). — Un negocio inmobiliario de 200.000 dólares, una deuda pendiente y un préstamo urgente de 50.000 dólares realizado apenas días antes del atentado armado contra la abogada Nadia Beller han puesto el foco sobre los movimientos financieros del controvertido asesor presidencia, el argentino Fernando Cerimedo, según el testimonio de Luis Enrique Villarroel, director regional de la gubernamental Autoridad de Juegos (AJ) en Santa Cruz.
El relato, presentado por Villarroel, introduce una nueva pieza en una investigación que busca reconstruir qué ocurrió en las horas y días que precedieron al ataque. Su declaración no establece por sí misma una relación causal entre las operaciones económicas y el atentado, pero aporta detalles sobre contactos y movimientos de dinero que podrían ser examinados por los investigadores.
Villarroel confirmó que conoció a Cerimedo en enero pasado, durante un churrasco celebrado en su domicilio. En aquella reunión, según su versión, también estuvieron Nadia Beller y Natalia Ibáñez Vaca. La conversación derivó entonces hacia la venta de una quinta situada en Nueva Palestina, una zona ubicada a unos 40 kilómetros del Urubó, más allá de Porongo.
“En esa oportunidad hablamos de una quinta que quería vender”, relató Villarroel.

El encuentro dio paso a una operación inmobiliaria. Villarroel aseguró que posteriormente visitó el inmueble junto a Beller y Cerimedo y que este último manifestó su intención de adquirirlo. El precio acordado habría sido de 200.000 dólares.
Según la declaración, la transacción quedó respaldada mediante un contrato de compraventa con representación sin mandato, elaborado y firmado por un abogado identificado como Juan Carlos Becerra. Cerimedo entregó aproximadamente 170.000 dólares y mantenido una deuda cercana a los 30.000.
“El detalle está en mi chat. Me pagaba en cuotas y lo último que me dio fueron Bs 100.000”, afirmó Villarroel.
Hasta ahí, el relato describe una disputa económica que podría parecer circunscrita a una operación privada. Pero el testimonio adquiere otra dimensión cuando Villarroel sitúa un nuevo contacto con Cerimedo apenas dos días antes del atentado contra Beller.
PRÉSTAMO DE 50.000 DÓLARES
Villarroel aseguró que el viernes o sábado previo al ataque recibió nuevamente un mensaje de Cerimedo. Esta vez, dijo, no se habló de la quinta ni de la deuda pendiente, sino de dinero en efectivo.
“La última vez que conversé con Cerimedo fue el viernes o sábado, está en mi chat. Él me dijo que le preste 50.000 dólares. Yo le dije que solo tenía 17.000 dólares”, declaró.
La diferencia entre lo solicitado y lo que Villarroel afirma haber tenido disponible es significativa. Cerimedo habría pedido 50.000 dólares y recibió, según el testimonio, 17.000.
Ese dinero, agregó el director de la AJ, habría sido recogido por José Hurtado, a quien identificó como una persona dedicada a realizar trámites ante el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA).
El dato coloca un movimiento de dinero en efectivo en una ventana temporal especialmente sensible para la investigación, por los días inmediatamente anteriores al ataque contra Beller.

EL RASTRO FINANCIERO
El valor del testimonio reside ahora en los elementos que puedan ser contrastados. Villarroel afirma que conserva los chats de sus conversaciones con Cerimedo y que estos contienen detalles sobre los pagos de la operación inmobiliaria y el último pedido de dinero.
Esos registros, de ser incorporados y verificados por los investigadores, podrían contribuir a establecer fechas, montos, intermediarios y el propósito de las transacciones. Por ahora, la declaración describe los movimientos desde la perspectiva de Villarroel y no demuestra por sí misma para qué habría requerido Cerimedo los 50.000 dólares.
La pregunta central queda abierta del ¿por qué necesitaba Cerimedo con urgencia ese dinero y qué ocurrió con los 17.000 dólares que, según el testimonio, fueron recogidos antes del atentado?
El caso entra así en una zona donde las cifras dejan de ser simples anotaciones de una operación privada. Una quinta valorada en 200.000 dólares, una deuda de unos 30.000 y un pedido de 50.000 dólares formulado pocos días antes del ataque conforman un hilo financiero que ahora puede adquirir relevancia para esclarecer los hechos.
La investigación deberá determinar qué parte de este relato puede ser corroborada documentalmente, quiénes participaron en los movimientos de dinero y si existe alguna conexión real con el atentado contra Beller.
Por ahora, el testimonio de Villarroel aporta una pieza más a un caso todavía abierto y que abre una serie de conjeturas que deben ser traducidas en pruebas en las investigaciones. El dinero no explica por sí solo un atentado, pero puede ayudar a reconstruir los movimientos de quienes estuvieron cerca de los hechos. Y en esta historia, el rastro conduce directamente a los días previos al ataque.

