LA PAZ, 10 jul (El Libre Observador) – La intolerancia política entre «arcistas» y «evistas» se tradujo en una cruda realidad en las calles de La Paz. Un clima de tensión y hostilidad se apoderó de la plaza Abaroa, donde se desarrollaba la cumbre política convocada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para definir el futuro de las elecciones generales del 2025.
Seguidores del expresidente Evo Morales, conocidos como «evistas», protagonizaron un episodio de violencia física y verbal, utilizando piedras y palos como armas para reprimir a sus actuales adversarios los denominados “arcistas”.

La tensión escaló a niveles alarmantes cuando una ráfaga de piedras impactó en el rostro del alcalde paceño, Iván Arias, encendiendo aún más los ánimos caldeados.
La escena era repudiable: gritos, insultos, el estruendo de petardos y de las piedras contra el pavimento y el humo de las lacrimógenas lanzadas por la policía para dispersar a la turba.
La «fiesta democrática» se convirtió en un campo de batalla, empañando el diálogo político y sembrando incertidumbre sobre el futuro del proceso electoral.

Las imágenes de la violencia recorrieron el país como un reguero de pólvora, encendiendo las redes sociales y generando un clima de indignación y preocupación.
Este nuevo capítulo de violencia política en Bolivia deja profundas cicatrices y enciende las alarmas sobre el clima de crispación y polarizado que vive el país. Es urgente, de acuerdo a analistas, que los líderes políticos depongan sus actitudes hostiles y se comprometan con un diálogo constructivo y pacífico para garantizar un futuro de paz y desarrollo para Bolivia.
El analista José Ugarte dijo que la pregunta que queda en el aire es: ¿Podrán los actores políticos bolivianos superar sus diferencias y encontrar un camino hacia el diálogo y la paz? El futuro de la democracia boliviana depende de ello.


