CARACAS, VENEZUELA, 1 jul (El Libre Observador) — En un dramático giro en la política sudamericana, el gobierno de Nicolás Maduro ha reafirmado que Bolivia sufrió un «intento de golpe de Estado» la semana pasada y ha rechazado enérgicamente el pronunciamiento del presidente argentino, Javier Milei, quien calificó de «falsa» esta denuncia.
A través de un comunicado contundente, la Cancillería venezolana ha condenado las declaraciones de Milei y ha llamado a la comunidad internacional a reconocer y condenar el intento de derrocamiento del presidente boliviano, Luis Arce.
La postura venezolana se ha hecho eco en las calles de La Paz, donde la tensión política sigue en aumento. El comunicado de la Cancillería de Venezuela acusa a Milei de alimentar «una narrativa creada por la derecha latinoamericana» con el objetivo de lavar la cara a los supuestos criminales que intentaron derrocar al legítimo presidente Arce.

La declaración no escatima en calificativos, tildando a Milei de «oscuro personaje, de corte neonazi», utilizado como peón por intereses que buscan imponer el fascismo en la región.
“Es un intento descarado de distorsionar la realidad y deslegitimar la lucha del pueblo boliviano”, afirmó el comunicado, subrayando el compromiso de Venezuela con la defensa de la democracia y la soberanía en América Latina. La retórica inflamatoria utilizada por el gobierno de Maduro refleja la profundidad de las divisiones políticas en la región y la creciente polarización en torno a los eventos en Bolivia.
Mientras tanto, en Bolivia, la denuncia de un intento de golpe ha dividido al país. La oposición y el expresidente Evo Morales han cuestionado la veracidad de la denuncia, acusando al gobierno de Arce de utilizarla como una herramienta política.

Sin embargo, el gobierno boliviano se mantiene firme en su posición, insistiendo en que el general Juan José Zúñiga intentó derrocar a Arce y establecer otro gobierno.
En un ambiente cargado de desconfianza y confrontación, las declaraciones de Venezuela han añadido una nueva capa de complejidad al ya tumultuoso escenario. La narrativa de un intento de golpe de Estado, respaldada por el gobierno de Maduro, contrasta marcadamente con la postura de la oposición boliviana y las controvertidas afirmaciones de Milei, aumentando la incertidumbre sobre el futuro político de Bolivia.


