LA PAZ, 2 dic (El Libre Observador) – La temporada de lluvias en Bolivia ha comenzado con un saldo trágico de nueve personas fallecidas, 300 familias afectadas y 117 viviendas dañadas en siete departamentos del país, informó este lunes el Gobierno.
Las precipitaciones intensas, influenciadas por el fenómeno de La Niña, ya están dejando huella en las comunidades más vulnerables.
Los primeros informes oficiales, presentados por el viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes, detallan una situación alarmante. Tres personas perdieron la vida en Chuquisaca, entre ellas dos adultos y un niño; en La Paz, una niña falleció debido a una mazamorra en la zona de Bajo Llojeta; en Tarija, un adulto mayor fue aplastado por un muro colapsado.
La mayor tragedia se vivió en Cochabamba, donde un deslizamiento de tierra en la comunidad Las Avispas, en el Trópico de Cochabamba, cobró la vida de cuatro personas.
“La cifra lamentable de fallecidos ascendió a nueve tras el reporte de Cochabamba. Es un inicio crítico para la temporada de lluvias”, declaró Calvimontes.
Las lluvias han afectado severamente a los departamentos de Beni, Chuquisaca, Cochabamba, La Paz, Potosí, Santa Cruz y Tarija. En total, 13 municipios y 20 comunidades han reportado daños, con la destrucción de viviendas y la amenaza constante de nuevos deslaves y mazamorras.
El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) emitió una “alerta naranja” por el posible desborde de ríos en ocho departamentos. Esta medida preventiva busca mitigar los riesgos en regiones donde el suelo saturado y los cauces crecidos representan un peligro latente.

CAMBIO CLIMÁTICO Y LA NIÑA AGRAVAN LA SITUACIÓN
El fenómeno de La Niña, combinado con los efectos del cambio climático, está exacerbando las precipitaciones en Bolivia. Según expertos, estas condiciones climáticas extremas se traducen en ciclos más intensos de lluvias, lo que aumenta la frecuencia de desastres naturales.
“Este periodo de lluvias será muy crítico. El cambio climático está impactando de manera significativa en diversas regiones del país”, advirtió Calvimontes.
Aunque aún no se han declarado emergencias municipales, la magnitud de los daños ha comenzado a preocupar tanto a las autoridades locales como a las organizaciones internacionales. El Gobierno boliviano enfrenta el desafío de coordinar esfuerzos de ayuda humanitaria y reconstrucción en medio de un panorama económico frágil, donde el costo de los desastres naturales podría aumentar la presión sobre las arcas estatales.
El daño en viviendas y la interrupción de las actividades agrícolas, especialmente en zonas rurales como el Trópico de Cochabamba, afectan la economía local. Cada año, las inundaciones y deslaves generan pérdidas de cientos de millones de bolivianos.
La falta de infraestructura resiliente, junto con el aumento de eventos climáticos extremos, pone en evidencia la necesidad de inversiones significativas en sistemas de mitigación de riesgos.
Con la temporada de lluvias apenas iniciando, Bolivia se enfrenta a una carrera contrarreloj para proteger a las comunidades más vulnerables y evitar que las pérdidas humanas y materiales sigan aumentando.


