LA PAZ, 11 abr (El Libre Observador) – Con voz firme y gesto contenido, el presidente boliviano Luis Arce Catacora volvió a poner sobre la mesa uno de los episodios más delicados y determinantes de su mandato: el intento fallido de golpe de Estado del 26 de junio de 2024.
Lo hizo en el marco de la proyección del documental ¿Qué pasó el 26 de junio? La noche del jueves, en el auditorio del Banco Central de Bolivia, donde aseguró que esa jornada fue enfrentada “como tenía que ser: unidos, sin escapar”.
Arce revivió con detalle el momento en que, junto al vicepresidente David Choquehuanca, decidió no abandonar la casa gubernamental ubicada en cercanías de la Plaza Murillo de la ciudad sede del gobierno y, en su lugar, bajar a enfrentar a los militares sublevados que se aproximaban al antiguo Palacio Quemado.
“Lo hicimos con la firme convicción de que estábamos haciendo lo correcto”, afirmó. La escena, comentó Arce, estaba marcada por el nerviosismo y la tensión de ese entonces, que incluyó incluso una anécdota accidental, pues dijo que, por error, ambos, Arce y Choquehuanca, descendieron a un piso equivocado, lo que los llevó a cruzarse con funcionarios y miembros de seguridad en el hall central.

“Allí comprendimos que algo mayor podía pasar, incluso derramamiento de sangre…”, narró el presidente.
En su intervención, el jefe de Estado defendió con vehemencia la decisión de resistir desde la Casa Grande del Pueblo. “No teníamos por qué huir. El pueblo nos eligió con más del 55 por ciento de apoyo, y nos dio un mandato claro que era recuperar la democracia y reconstruir el país”, aseveró.
Arce no sólo revivió su propia actuación, sino también la del gabinete de ministros en pleno, al subrayar que ningún ministro abandonó su puesto ese día. “Estuvieron todos. No se escapó nadie. Y eso marcó la diferencia”, rememoró.

Para el presidente, la intervención de su persona, su Gobierno y el pueblo que se congregó en Plaza Murillo, centro político del país, fue un accionar estratégico de apuntalar la narrativa de que el poder actual se sostiene no solo en votos, sino en una voluntad firme de preservar el orden democrático frente a cualquier intento de regresión autoritaria.
“Enfrentamos la osadía de querer quitarle al pueblo boliviano su democracia, y lo hicimos como debía hacerse”, enfatizó.
En una Bolivia aún polarizada, la memoria del 26 de junio se convierte en un campo simbólico de disputa. Para Arce, sin embargo, no se trata sólo de historia reciente, sino de reafirmar una línea de resistencia institucional.
El mensaje del presidente fue claro que cuando las amenazas golpean la puerta, la respuesta no es escapar, es enfrentar.


