LA PAZ, 28 abr (El Libre Observador) — El Gobierno de Luis Arce y la Central Obrera Boliviana (COB) cerraron este lunes un acuerdo salarial que fija un aumento del 10 por ciento al salario mínimo nacional y de hasta un 5 por ciento al haber básico para los sectores de salud, educación, Policía y Fuerzas Armadas.
El anuncio fue hecho en una conferencia conjunta en la Casa Grande del Pueblo, donde el ministro de Economía, Marcelo Montenegro, oficializó que el salario mínimo subirá a 2.750 bolivianos (unos 395 dólares), asegurando un piso salarial para todos los trabajadores del país.
La medida llega en un momento de marcada presión económica, con una inflación acumulada del 10 por ciento en 2024 y el consumo familiar golpeado por el encarecimiento de productos básicos.
«El daño del incremento de precios ya está hecho. Hemos trabajado para reducirlos, pero la afectación a los bolsillos de los trabajadores, especialmente de los más pobres, es innegable», reconoció el presidente Arce, en un discurso que mezcló justificación técnica con promesas de recuperación económica.
El presidente Arce ponderó la “madurez” de la dirigencia de la COB, que inicialmente exigía un aumento mayor —del 15 por ciento al mínimo y 20 por ciento al haber básico—, pero que finalmente aceptó una cifra que, según Arce, «permite sostener la economía y recuperar el consumo de las familias».

El secretario ejecutivo de la COB, Juan Carlos Huarachi, defendió el pacto alcanzado como un esfuerzo pragmático frente a las dificultades que atraviesa el país. «Nos concentramos en el impacto real sobre la canasta familiar. Este incremento es para proteger a los trabajadores», afirmó, luego de horas de negociación.
Sin embargo, no todos celebran. Mientras se sellaba el acuerdo en el centro político del país, el sector empresarial advertía que cualquier incremento salarial «pondría en riesgo la generación y sostenimiento de empleo y la provisión de bienes y servicios». La advertencia empresarial no obtuvo respuesta pública inmediata ni de Arce ni de los líderes sindicales.
Así, en un contexto de escasez de divisas y creciente malestar económico, Bolivia se encamina a un nuevo año de ajustes y desafíos, con un Gobierno que apuesta a la estabilidad social mediante acuerdos salariales, pero con la incertidumbre aún latente en su aparato productivo.


