LA PAZ, 22 jul (El Libre Observador) – La llamada a la unidad lanzada por el presidente boliviano Luis Arce y por la dirección del Movimiento Al Socialismo (MAS) para reagrupar a la izquierda de cara a las elecciones generales del 17 de agosto ha caído, por ahora, en saco roto.
Ni Andrónico Rodríguez, la figura juvenil que emerge como alternativa de la izquierda, ni el expresidente Evo Morales, líder del ala disidente del MAS, ni otras fuerzas menores han aceptado sentarse a dialogar con el Ejecutivo para conformar un bloque común.
La fragmentación amenaza con convertirse en la victoria electoral de la derecha, hoy representada por Samuel Doria Medina (Alianza Unidad) y Jorge Tuto Quiroga (Libre), ambos líderes conservadores que encabezan las encuestas, pero con una preferencia electoral baja que no pasa del 60%, muy lejos las victorias del MAS que superó votaciones históricas del 50% hasta el 65%.
El intento de Arce llega en un momento de debilidad política. El fin de semana, en un mensaje difundido por redes sociales, advirtió sobre una “derrota electoral” si las corrientes progresistas no convergen “antes de que sea tarde”.

Su propio partido, dividido desde 2023 entre la facción “arcista” y la “evista” leal a Morales, ha sido incapaz de consolidar un candidato fuerte. Eduardo Del Castillo, actual ministro de Gobierno y aspirante del MAS oficialista, apenas llega el 2% de apoyo en los sondeos.
La figura con más proyección dentro del campo progresista es Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y heredero político de Morales en el Chapare, aunque hoy distanciado de él.
Rodríguez, de 36 años, lidera la Alianza Popular y concentra el 14% de la intención de voto, lo que lo coloca en un disputado tercer lugar detrás de Doria Medina y Tuto Quiroga. Su ascenso refleja el desgaste del MAS tradicional y una sed de renovación entre las bases cocaleras y sindicales, pero también alimenta las tensiones: ni Arce ni Morales parecen dispuestos a ceder protagonismo.
“Creíamos que esta convocatoria tenía una sana razón de unir al bloque popular. Ha perdido esa esencia. No vamos a caer en la trampa de querer salvar al MAS”, declaró a los periodistas Félix Ajpi, senador y portavoz de Alianza Popular, confirmando que Rodríguez no asistirá a la reunión convocada para este jueves.
Ajpi cuestionó incluso la legitimidad de Grover García, presidente del MAS oficialista, acusando que su designación violó los estatutos del partido. “No asistiremos a reuniones que buscan salvar la imagen de alguien”, zanjó.
Evo Morales, por su parte, fue más tajante desde su programa radial Kawsachun Coca: “¿Qué izquierda? Para mí, Lucho ni Andrónico son de izquierda”, dijo el domingo, descartando cualquier pacto con Arce y su delfín disidente.

Morales, que gobernó entre 2006 y 2019, conserva influencia en sectores rurales y del trópico cochabambino, pero su popularidad nacional ha caído. Analistas señalan que su negativa no solo responde a diferencias ideológicas, sino también a un cálculo personal: un MAS derrotado y un Arce debilitado podrían devolverle el control de la sigla en 2026.
El propio Legislativo refleja el abismo entre corrientes. El diputado Renán Cabezas, del ala evista, desestimó la convocatoria presidencial: “Arce no representa los principios históricos de la izquierda boliviana. Es un intento desesperado de evitar la desaparición del MAS”, afirmó.
Desde el Ejecutivo, en cambio, voces como la del ministro de Desarrollo Rural, Yamil Flores Lazo, acusan a Morales y sus aliados de “poner en riesgo dos décadas de conquistas sociales” al negarse a un frente común.
El panorama electoral, según analistas consultados el analista político Marcelo Romano, sugiere que la dispersión de la izquierda podría abrir una autopista para la oposición conservadora.
Dijo que con Doria Medina rozando el 19% y Quiroga alrededor del 18%, un voto dividido entre Andrónico, Del Castillo, Eva Copa (Morena) y otros candidatos menores podría impedir que cualquier progresista llegue siquiera al balotaje.
Aun así, Grover García insiste en mantener abierta la puerta al diálogo: “Cuando se trata del país, se debe sacrificar candidatos”, dijo al insinuar que Del Castillo podría declinar si hay acuerdo, aunque admitió que es “inmaduro” discutir nombres antes de la reunión.
Sin señales claras de acercamiento, la cita del jueves podría convertirse en un último intento fallido para evitar que el histórico MAS, partido que gobernó Bolivia por casi dos décadas, se enfrente a su elección más difícil y, quizá, a una derrota que redefina el mapa político del país.


