COBIJA, 10 oct (El Libre Observador) — Tras ocho años de liderazgo ininterrumpido, la Central Obrera Boliviana (COB), la principal organización sindical del país, decidió este viernes un cambio de rumbo. Juan Carlos Huarachi dejó la secretaría ejecutiva en medio de críticas por su cercanía con el poder político, y el minero Mario Argollo, representante de la Empresa Minera Huanuni, fue elegido como nuevo máximo dirigente en el XVIII Congreso Ordinario celebrado en Cobija, capital del departamento amazónico de Pando.
El congreso, que reunió a delegaciones de todo el país, marcó el fin de una de las gestiones más prolongadas en la historia reciente de la COB. Desde las bases obreras, diversas federaciones reclamaron a Huarachi la “pérdida de independencia sindical” y una gestión que, según los críticos, se alineó en exceso con los gobiernos de turno, hasta con la considerada gestión irregular de Jeanine Áñez.
Argollo, postulado por el poderoso sector minero de Huanuni, se impuso con 79 votos, frente a los 41 obtenidos por Joaquín Mamani, de la mina Colquiri. Su victoria fue recibida con aplausos y cánticos de las delegaciones mineras, que históricamente han tenido un peso decisivo en el sindicalismo boliviano.

Durante la sesión final, Huarachi presentó su informe de gestión y defendió su continuidad prolongada como resultado de las “circunstancias políticas excepcionales” que atravesó el país entre 2019 y 2020. No obstante, su permanencia por casi ocho años generó cuestionamientos dentro y fuera de la organización, ya que los estatutos de la COB limitan el mandato a dos años.
Presionado por sectores como la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), el dirigente anunció en abril su salida. En su despedida, Huarachi destacó que la COB “defendió la estabilidad laboral y la democracia sindical”, aunque reconoció que “queda mucho por hacer” para fortalecer la unidad del movimiento obrero.
Su gestión atravesó tres periodos políticos: comenzó bajo el mandato de Evo Morales en 2018, continuó durante el Gobierno transitorio de Jeanine Áñez en 2019 y se consolidó durante la administración de Luis Arce, a quien brindó respaldo público. Este alineamiento con el Ejecutivo fue uno de los puntos más cuestionados por sectores fabriles, docentes y de salud, que reclamaron mayor autonomía frente al poder político.
La elección de Mario Argollo representa, según analistas laborales, el retorno del protagonismo minero en la estructura sindical. “La COB recupera su raíz combativa y de independencia frente al Estado”, afirmó un delegado de la FSTMB al cierre del congreso, en medio de vítores y banderas rojas con el emblema del sindicato minero.
En su primer discurso como secretario ejecutivo, Argollo prometió “reconstruir la unidad del movimiento obrero y defender sin condicionamientos los derechos de los trabajadores”. También adelantó que una de sus prioridades será revisar las leyes laborales y exigir mejoras salariales ante el aumento del costo de vida.
El congreso de Cobija cerró con un llamado a la reorganización interna y a la renovación generacional dentro del sindicalismo. Las resoluciones finales incluyeron una demanda al Gobierno para fortalecer la industrialización minera y un pronunciamiento por la defensa del litio y los recursos naturales como patrimonio nacional.
Con la elección de Argollo, la COB inicia una nueva etapa marcada por el desafío de recuperar credibilidad y cohesión en un país donde el movimiento sindical ha sido históricamente un actor decisivo en las crisis y transiciones políticas.
La salida de Huarachi pone fin a una era de estabilidad relativa pero también de críticas, y abre la puerta a un liderazgo que busca reconciliar a la base obrera con su histórico papel de contrapeso frente al poder.

