LA PAZ, 19 oct (El Libre Observador) — Bolivia vive este domingo una jornada histórica. Por primera vez desde la promulgación de la Constitución de 2009, el país celebra un balotaje presidencial que pone a prueba su madurez democrática y el pulso de un electorado tras dos décadas de hegemonía de la izquierda. La votación se desarrolla en medio de una severa crisis económica, marcada por la falta de liquidez, la escasez de combustibles y un visible agotamiento político.
Desde las 08.00 de la mañana de esta jornada, los ciudadanos comenzaron a acudir a las 34.026 mesas de sufragio instaladas en todo el territorio nacional. En el exterior, 1.227 mesas en 22 países reciben el voto de los casi 370.000 bolivianos residentes fuera del país. Más de 7,9 millones de personas están llamadas a elegir entre Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y Jorge “Tuto” Quiroga Ramírez, de la alianza Libre, después de que ninguno alcanzara la mayoría en la primera vuelta.
El acto inaugural de la jornada estuvo presidido por Óscar Hassenteufel, titular del Tribunal Supremo Electoral (TSE), quien llamó a la ciudadanía a ejercer su derecho con serenidad y compromiso.
“El pueblo boliviano es poderoso, tiene el arma de los votos. Ha llegado el momento de que Bolivia sea diferente; queremos un país sin odio”, afirmó, al garantizar la transparencia del proceso y la seguridad de las urnas.

El balotaje enfrenta dos proyectos liberales con matices distintos. Paz Pereira, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), defiende un liderazgo generacional con énfasis en la renovación y el protagonismo juvenil. Quiroga, exmandatario entre 2001 y 2002, propone un retorno a la ortodoxia liberal, priorizando la estabilidad macroeconómica, la austeridad fiscal y la apertura a la inversión extranjera.
El trasfondo económico es, sin embargo, el gran protagonista de la jornada. La escasez de combustibles, la falta de divisas y las presiones inflacionarias han erosionado el poder adquisitivo y el ánimo ciudadano. El Movimiento al Socialismo (MAS), que dominó el panorama político durante casi veinte años, está ausente de esta contienda tras una fractura interna y el declive de su liderazgo histórico, abriendo un escenario inédito de disputa por el centro político.
Para garantizar la seguridad y transparencia del proceso, el TSE desplegó a más de 211.000 jurados electorales, tanto en Bolivia como en el exterior. Las mesas permanecerán abiertas entre las 08:00 y las 16:00, con la garantía de que todos los electores en fila podrán emitir su voto.
La presencia de misiones internacionales de observación, entre ellas la OEA, la Unión Europea, la ONU y el Mercosur, refuerza la vigilancia de un proceso considerado clave para la estabilidad institucional y la imagen democrática del país ante el mundo.
El nuevo presidente asumirá el 8 de noviembre, apenas tres semanas después de los comicios, con la tarea de restaurar la confianza económica y definir el rumbo político de un país que parece cerrar un ciclo.
Bolivia enfrenta así una jornada decisiva: el voto de hoy no solo elegirá a su próximo gobernante, sino también el horizonte de una democracia que busca renovarse tras años de polarización y fatiga institucional.


