Por Marcelo Romano
LA PAZ, 19 oct (El Libre Observador) — El economista y senador tarijeño Rodrigo Paz Pereira, de 58 años, se consolidó como el nuevo presidente electo del país andino amazónico tras obtener el 54,6 % de los votos, según el 97,84 % del conteo rápido del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Su victoria marca el fin de dos décadas de hegemonía de la izquierda del Movimiento al Socialismo (MAS) y abre una etapa de reconfiguración política y económica en una nación marcada por la crisis de liquidez, la caída del gas y el agotamiento de su modelo estatal.
De tendencia liberal moderada, Paz, acompañado por su vicepresidente electo Edmand Lara, superó por nueve puntos al exmandatario Jorge “Tuto” Quiroga (alianza Libre), quien obtuvo el 45,4 %. La jornada, calificada por el TSE como “tranquila y normal”, registró una participación superior al 85 %, bajo la observación de misiones internacionales de la OEA, la Unión Europea, Mercosur, Uniore y otros, que destacaron la transparencia del proceso.
“Queremos agradecer al pueblo de Bolivia por su participación pacífica y democrática”, afirmó el presidente del TSE, Óscar Hassenteufel, al confirmar que el sistema de conteo rápido (Sirepre) alcanzó casi el 100 % de procesamiento, lo que permite hablar de una tendencia “irreversible” con una diferencia considerable del primero respecto al segundo.
Edmand Lara, el nuevo vicepresidente electo del país, celebró en Santa Cruz con su familia y seguidores el triunfo del Partido Demócrata Cristiano (PDC). Desde la capital cruceña emitió sus primeras palabras tras conocer los datos del Sistema de Resultados Electorales Preliminares (Sirepre).
“Se viene una historia. Basta de corrupción, basta de injusticia, van haber cambios estructurales”, señaló Lara y llamó a la reconciliación de los bolivianos para enfrentar los grandes desafíos que debe encarar con urgencia el país.
Dijo que siempre se apostó por un cambio. “Hoy, el pueblo nos da la oportunidad de gobernar, pero para todos los bolivianos. Llamo a la reconciliación y a la unidad”, expresó.

El fin de un ciclo y el ascenso de un perfil centrista
El triunfo de Paz no solo representa un cambio de mando, sino el fin de una era política iniciada en 2006 con Evo Morales y consolidada por el MAS durante veinte años. Ese ciclo —basado en la redistribución estatal y el auge del gas— llega a su cierre en medio de un deterioro fiscal, una economía tensionada por la falta de divisas y una creciente desconfianza social.
Bolivia enfrenta actualmente una de sus coyunturas más delicadas desde la crisis de 2003. Las reservas internacionales netas están en su nivel más bajo en dos décadas; el déficit fiscal supera el 7 % del PIB; y los problemas de abastecimiento de combustibles han generado largas filas en las principales ciudades.
En este contexto, Paz se impuso con un discurso de renovación, austeridad y consenso nacional, que logró conectar con un electorado cansado de la confrontación entre el viejo oficialismo y la derecha tradicional.
“Los bolivianos han votado por el cambio, por la unidad y por el futuro”, declaró el nuevo mandatario electo ante una multitud en Tarija. “Prometo gobernar sin odio ni revancha, reconstruyendo las instituciones con todos los sectores”.

Un heredero político con sello propio
Nacido en España durante el exilio de sus padres, Rodrigo Paz es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) y de la exsenadora Carmen Pereira. Economista de formación, exalcalde de Tarija y senador nacional, ha forjado un perfil técnico y dialogante. Su carrera comenzó lejos del poder central: en 2015 conquistó la alcaldía de su ciudad natal al derrotar al candidato del MAS, y desde allí se consolidó como un líder regional con discurso propio.
Su ascenso fue gradual pero constante. En 2020 llegó al Senado y articuló una agenda de reformas institucionales, descentralización productiva y eficiencia pública. En los debates presidenciales apostó por un tono conciliador y pragmático, evitando la retórica polarizante que caracterizó a las últimas campañas.
El analista político José Ugarte, experto en seguridad nacional, considera que Paz “logró canalizar el cansancio ciudadano frente a la polarización entre el MAS y la derecha tradicional”. Su candidatura, añade, “atrajo a votantes urbanos, moderados e indecisos desencantados del masismo, con un mensaje pragmático y de renovación generacional”.
Un programa económico con sello liberal-social
El proyecto de Paz, que él mismo ha descrito como un modelo de “capitalismo para todos”, busca combinar disciplina fiscal con equidad social. Plantea un esquema “50/50” de distribución fiscal entre el Gobierno central y las regiones, la digitalización del Estado y una reforma constitucional que elimine la reelección presidencial.
En lo social, propone fortalecer la educación técnica, impulsar la transición energética y reconocer la autonomía indígena dentro de un marco republicano.
Los analistas prevén que su administración intentará reconstruir la confianza de los mercados sin desmontar los logros sociales del ciclo anterior. “Paz enfrenta la difícil tarea de estabilizar una economía con síntomas de agotamiento, sin romper el pacto social que dio estabilidad a Bolivia en los últimos años”, apunta Ugarte.

Una victoria inédita para el PDC
El Partido Demócrata Cristiano (PDC), sigla prestada al binomio Paz-Lara, alcanza por primera vez la presidencia desde el retorno a la democracia en 1982. El resultado confirma el giro político del país hacia el centro liberal, en un escenario donde las antiguas estructuras partidarias del MAS y las derechas tradicionales parecen replegarse.
Rodrigo Paz asumirá el mando el próximo 8 de noviembre, con el desafío de recomponer una nación fragmentada y de diseñar un nuevo contrato económico y social. Su victoria —inesperada meses atrás— reconfigura el tablero político boliviano y proyecta un liderazgo más pragmático que ideológico, en un país que, tras dos décadas de estatismo, busca un equilibrio entre estabilidad y renovación.

