LA PAZ, 4 nov (El Libre Observador) — En un país que vive su Bicentenario en un clima económico tenso y con la política atrapada en la cuenta regresiva electoral, el Banco Central de Bolivia (BCB) ha encontrado una narrativa inesperada de oxígeno: la del ahorro doméstico. El Bono BCB Bicentenario cerró su fase de colocación con una cifra récord de 82,3 millones de dólares.
Más allá del dato contable existe un mensaje simbólico: miles de familias bolivianas, con montos relativamente pequeños, apostaron por un instrumento local, indexado al precio internacional del oro, en un momento en que el dólar vuelve a ser un fetiche de seguridad.
El título se lanzó el 30 de junio como parte del calendario oficial que acompaña la efeméride de los 200 años. Su estructura fue diseñada para ser pedagógica: precio accesible, tasa fija del 9,75% anual y una componente variable atada al metal que hoy funciona como refugio planetario. El instrumento estaba reservado a personas naturales. El resultado fue mayor al esperado: 8.020 compradores, un universo disperso pero robusto en los nueve departamentos.

La Paz —la ciudad sede del poder político— fue la campeona absoluta con casi el 73% de colocación. La concentración revela algo que suele pasar desapercibido: la geografía del ahorro sigue la geografía del Estado y de su burocracia. Mientras tanto, el avance digital es todavía tímido: el 91% de las compras se realizó en efectivo. La nueva aplicación del BCB, que permite adquirir bonos desde el móvil, apenas capturó un 7,3% de las operaciones.
La participación de mujeres alcanzó un 44,8% y los hombres un 55,1%, una brecha más estrecha de lo habitual en mercado de valores boliviano. El directorio del BCB ha insistido en el punto: el objetivo del producto no era levantar grandes capitales de los bancos, sino abrir la puerta a quienes nunca habían tenido un bono en su mano.
La clave política y técnica, según explicó el presidente del ente, Edwin Rojas, está en la conexión con el oro: “Es el primer instrumento nacional que vincula su rendimiento con un activo global de reserva”, dijo. Para él, Bolivia debe sustituir la imaginación rentista —la de la renta fácil, instantánea, del extractivismo tradicional— por una comprensión más madura del riesgo, del ahorro y del tiempo.
El dato histórico acompaña la historia reciente: desde 2011, más de 321.000 personas han utilizado bonos del BCB para colocar sus ahorros. Es decir, hay una capa silenciosa de ciudadanía que confía más en papeles del banco central que en apuestas especulativas o en el dólar callejero.
El BCB ha leído este cierre como más que un éxito comercial: como una forma de revertir el desencanto financiero que dejó la pandemia, los shocks externos y la polarización política. Para el país que se encamina a los 200 años, todavía obsesionado con las disputas del pasado reciente, el pequeño bono del Bicentenario ofrece una metáfora alternativa: cuando el futuro es incierto, ahorrar es otra forma de decidir.


