LA PAZ, 23 feb (El Libre Observador) — El telón del Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez permanece abierto, pero esta vez no para una comedia ni un monólogo. Sobre el escenario donde durante décadas arrancó risas y aplausos, los restos del actor boliviano David Santalla son velados desde la noche del domingo en medio de una despedida que combina solemnidad oficial y afecto popular.
Santalla, fallecido el sábado a los 86 años tras una prolongada lucha contra el cáncer, es recordado como uno de los rostros más emblemáticos del teatro y el humor en Bolivia. Su partida ha movilizado a colegas, autoridades y ciudadanos que desde primeras horas del lunes ingresan al recinto cultural paceño para rendirle homenaje.
“Hoy estamos todo el día con la presencia de la gente; desde las 6 de la mañana están entrando y saliendo”, declaró su esposa, Sandra Saavedra, quien acompañó al actor durante los años de enfermedad. La familia confirmó que por la noche está prevista la visita del presidente Rodrigo Paz, además de autoridades nacionales y artistas que participarán en un acto de reconocimiento póstumo.
La escena es sobria pero elocuente: coronas florales rodean el féretro mientras actores veteranos y jóvenes intérpretes se turnan para recordar anécdotas y escenas memorables. Para muchos, Santalla fue más que un comediante; representó la persistencia del teatro nacional en tiempos de crisis económica y cambios culturales.

El homenaje continuará el martes con una misa de cuerpo presente en la Catedral Metropolitana de La Paz, ubicada en la histórica plaza Murillo. Tras la ceremonia religiosa, el cortejo fúnebre se dirigirá al Cementerio General de La Paz, donde serán enterrados sus restos.
La despedida de Santalla trasciende el ámbito artístico. Su figura, asociada a generaciones que crecieron con su humor y su presencia escénica, forma parte de la memoria cultural boliviana. Durante más de medio siglo, su trabajo contribuyó a consolidar un circuito teatral que sobrevivió a dictaduras, crisis económicas y transformaciones mediáticas.
Mientras el público continúa desfilando frente al féretro, la ciudad de La Paz asiste a una de esas ceremonias que marcan el fin de una era. El aplauso final, contenido y respetuoso, acompaña ahora a quien dedicó su vida a provocar carcajadas, convencido de que el teatro era también una forma de resistencia y encuentro colectivo.

