LA PAZ, 19 jun (El Libre Observador) — Bolivia encontró este viernes una primera salida política a los 50 días de protestas y bloqueos que han paralizado buena parte del país. El Gobierno de Rodrigo Paz y la Central Obrera Boliviana (COB) firmaron un acuerdo para levantar las medidas de presión y abrir una nueva etapa de diálogo. Sin embargo, la crisis está aún pendiente de resolverse, pues las organizaciones campesinas que mantienen bloqueadas las principales carreteras del occidente y del centro del país rechazan desactivar sus protestas y continúan exigiendo respuestas a sus demandas, manteniendo en vilo la normalización del país.
La imagen de la firma en la Casa Grande del Pueblo contrastó con las escenas que dominaron las últimas siete semanas. Allí, rodeados de ministros y dirigentes sindicales, el presidente y el líder de la COB, Mario Argollo, estrecharon las manos después de intensas jornadas de negociación. Afuera, sin embargo, las carreteras seguían cerradas en decenas de puntos y los sectores campesinos continuaban enviando señales de resistencia.
El acuerdo representa el avance político más importante desde el inicio de la crisis el pasado 1 de mayo. Pero también evidencia una realidad incómoda para el Gobierno, pues logró convencer a uno de los principales actores de las movilizaciones, aunque todavía no consigue desactivar el núcleo más duro del conflicto.
Durante semanas, la COB y los sectores campesinos caminaron en paralelo dentro de un mismo escenario de protesta. Ahora sus caminos parecen separarse. Mientras la organización sindical apuesta por una tregua condicionada al cumplimiento de compromisos gubernamentales en un plazo de 90 días, las organizaciones campesinas mantienen una posición más radical y consideran insuficientes las respuestas del Ejecutivo.
La diferencia es crucial porque son precisamente los bloqueos rurales los que continúan afectando los corredores estratégicos que conectan el altiplano con los valles y el oriente productivo del país.
“Creemos que hemos llegado a un punto que el país estaba esperando”, afirmó Argollo al anunciar el entendimiento. El dirigente sostuvo que las observaciones realizadas por la COB fueron incorporadas al documento final y defendió la decisión de levantar las medidas de presión para abrir un espacio de reconciliación.
El líder sindical calificó el acuerdo como el esperado “humo blanco” tras semanas de confrontación y dejó claro que la responsabilidad pasa ahora al Ejecutivo. “La pelota está en la cancha del Gobierno”, advirtió, al señalar que el cumplimiento de los compromisos determinará si la tregua se consolida o fracasa.

Uno de los puntos centrales del acuerdo contempla la instalación de mesas técnicas sectoriales para atender las demandas de los trabajadores. También incluye el compromiso gubernamental de colaborar en la situación de dirigentes y movilizados detenidos durante las protestas.
Para el presidente Rodrigo Paz, el entendimiento constituye una oportunidad para cerrar un ciclo de confrontación que ha golpeado severamente a la economía. En las últimas semanas, las pérdidas acumuladas por los bloqueos han sido estimadas por distintos sectores empresariales en miles de millones de dólares, mientras el abastecimiento de alimentos y combustibles se volvió cada vez más irregular.
“Estos 50 días han sido duros para todos”, afirmó el mandatario, quien diferenció a las organizaciones sociales con reivindicaciones legítimas de aquellos actores que, según su visión, intentaron utilizar políticamente el conflicto.
Paz aprovechó además el acto para lanzar un mensaje de unidad nacional. “Ya no hay más occidente y oriente. Somos una sola patria”, sostuvo, en referencia a las tensiones regionales que afloraron durante las semanas de conflicto.
Sin embargo, la realidad sobre el terreno sigue siendo más compleja que el discurso de reconciliación pronunciado en el palacio de gobierno. Las carreteras continúan siendo el principal escenario de la disputa. Los reportes oficiales mantienen decenas de puntos de bloqueo activos, especialmente en La Paz y Cochabamba, regiones fundamentales para el transporte de mercancías y el abastecimiento nacional.
Por eso, aunque el acuerdo con la COB reduce significativamente la presión política sobre el Ejecutivo, no garantiza todavía el restablecimiento de la libre circulación ni el fin de la crisis económica derivada de los bloqueos.
La negociación con las organizaciones campesinas aparece ahora como la prueba decisiva para el Gobierno. El Ejecutivo mantiene abiertas las puertas del diálogo, pero también ha endurecido su discurso en los últimos días, advirtiendo que podría recurrir a las facultades que le otorga la Constitución para garantizar la transitabilidad si fracasan las conversaciones.
Después de 50 días de conflicto, Bolivia parece encontrarse en un punto intermedio entre la reconciliación y el estancamiento. El acuerdo con la COB ofrece una señal de distensión y devuelve algo de oxígeno a un Gobierno sometido a una creciente presión. Pero mientras los bloqueos campesinos continúen activos y los sectores más radicales mantengan su rechazo a levantar las medidas de presión, la paz seguirá siendo una promesa más que una realidad.


