Por Víctor Enrique Bonilla Castillo
BOGOTÁ, 19 jun (El Libre Observador) — Las dos propuestas políticas que representan Iván Cepeda e Abelardo de la Espriella no son antagónicas desde el punto de vista de la estructura económica, toda vez que ambas convergen en el sistema económico capitalista. Por consiguiente, no es cierto el discurso falso y distractor de grupos de poder económico político y sus medios de desinformación que califican a Cepeda como comunista y guerrillero, debilitando así la conciencia de la población, confundiendo la opinión pública, dilatando y reduciendo el debate social. Toman a la población como masas ignorantes fácilmente manipulables, reduciéndolas al odio y la polarización incendiaria.
La contienda política y sus protagonistas
Cepeda no es comunista, nunca ha sido guerrillero, sus antecedentes están ligados a la lucha social y al igual que 10.3 millones de colombianos él y su familia son víctimas de la guerra en Colombia, en tanto su padre, el congresista y periodista Manuel Cepeda Vargas de la Unión Patriótica fue asesinado por una alianza criminal del Estado entre sus fuerzas militares y paramilitares. No es sensato reducir la responsabilidad solamente a un sargento y a un cabo del ejército quienes han sido condenados por ese magnicidio, pues es un entramado más grande de un Estado para entonces criminal en rechazo y destrucción de la otredad, de la oposición, del pensamiento diferente que exterminó a 5.733 personas militantes de la UP Unión Patriótica.
Iván Cepeda ha sido senador de la República, con una trayectoria y experiencia en la defensa de los derechos humanos, así como mediador y facilitador en procesos de paz y diálogos entre diferentes fuerzas antagónicas del país. Se caracteriza por ser un hombre tranquilo, mediador y respetuoso y se describe así mismo como un demócrata. Por la propuesta de su proyecto y exposición de sus ideas lo ubico como un socialdemócrata.
De la Espriella es un abogado relacionado con la defensa de criminales o acusados criminales asociados a la pederastia y pedofilia, la violación de mujeres y niñas, el paramilitarismo y el narcotráfico y la especulación financiera, como el caso de David Murcia Guzmán creador de la pirámide DMG quien lo denunció por robarle 5 mil millones de pesos, ahorros de los mismos colombianos; al pastor evangélico Álvaro Javier Gámez Torres, acusado de violar 20 mujeres y niñas; Jorge Visbal Martelo empresario y paramilitar; el empresario Alex Saab acusado de ser testaferro en Venezuela, así como la defensa y asesoría a demás figuras de la política, la parapolítica, actores y exactores armados de la economía criminal y paramilitares, como el caso de Salvatore Mancuso de quien confiesa ser, además, su admirador.
También es vinculado con grupos paramilitares, así como de desfalcos y corrupción de bienes y/o dineros del Estado. Recientemente fue acusado ante la Fiscalía General de la Nación y la Corte Penal Internacional CPI por concierto para delinquir agravado, financiación del terrorismo y enriquecimiento ilícito. También por la presunta participación en el saqueo de recursos del sistema de la salud, en tanto la acusación sostiene que la firma de abogados de De La Espriella recibió dineros desviados (cerca de $18 mil millones) y bienes de la EPS Saludvida para financiar su defensa y operaciones legales.
Sin discernir en la persona, pero sin obviar sus actos, comportamiento y expresiones violentas, misóginas y machistas De La Espriella ha dicho que quiere “destripar a la izquierda”, así como a sus líderes políticos, usando así un término violento es un país con una historia enmarcada en el conflicto, la guerra y la polarización. Así mismo ha alardeado de sus órganos sexuales frente a una periodista que se sintió intimidada y violentada cuando De La Espriella se jactó del tamaño de sus genitales en vivo frente a una cámara y presionó repetidamente a la reportera para que mirara y comentara una foto de sus partes íntimas, argumentando que gran parte de su electorado femenino lo ha conseguido gracias a ello.

Es considerado por parte de la prensa internacional como un outsider, aunque ha recibido el apoyo de la maquinaria política y sus partidos tradicionales, de una parte de los gremios empresariales y se considera así mismo un republicano del partido estadounidense que admira a Trump, Bukele, Milei y al criminal Netanyahu quien tiene orden de captura de la CPI por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad (el genocidio de Palestina). Ha admitido de hecho que estrechará vínculos con Israel y Estados Unidos, y de hecho es ciudadano estadounidense, para adquirir dicha nacionalidad tuvo que jurar lealtad y soberanía a Estados Unidos por encima de cualquier otro país, nación o principado, pues también es ciudadano colombiano e italiano. Vaya dilema para un cargo de presidente de la nación que, además requiere ser comandante en jefe de las fuerzas militares. Por su trayectoria, sus ideas y su proyecto económico político lo ubico como un fascista de ultraderecha que pretende acentuar el proyecto neoliberal.
Análisis de las relaciones sociales en Colombia, geopolítica y economía
Pero vamos con lo primordial, el análisis geopolítico y económico, así como el contexto histórico reciente. El proyecto que encarna De La Espriella representa los intereses económicos de las clases sociales dominantes, latifundista terrateniente y burguesía, en tanto busca fortalecer el libre mercado, el neoliberalismo caracterizado por la privatización de las unidades productivas en manos de unos pocos inversionistas privados, el debilitamiento del sector público, de su fuerza de trabajo y su presencia en la toma de decisiones, en la reducción del Estado en la participación de la renta petrolera y minera, el retroceso de la cuestión agraria que en Colombia busca devolver la tierra históricamente despojada al campesinado y en general, el detrimento de las condiciones y los intereses de la clase trabajadora, lo cual confluye en una exacerbación de la lucha de clases, tanto la contienda armada, como los movimientos sociales, urbanos y rurales.
Colombia es un claro ejemplo de ello, hay una guerra que tiene cerca de 70 años de historia y que comenzó por la lucha por la tierra y que hoy se ha transformado no solo por la lucha originaria de los medios de producción y subsistencia (tierra y demás recursos), sino también por la influencia en los territorios y la apropiación de rutas para la reproducción de las mercancías, tanto de la economía legal como de la economía criminal, guerra que ha dejado cerca de 10.3 millones de víctimas (la quinta parte de la población nacional). Colombia es igualmente un ejemplo de la contradicción del sistema capitalista y el irreversible camino de la resistencia a partir de los movimientos sociales, un claro ejemplo fue el ocurrido en el 2021, con antecedentes desde el 2019, donde fueron asesinados más de 80 jóvenes, 28 jóvenes fueron violadas o sufrieron violencia sexual y 82 jóvenes manifestantes sufrieron traumas y lesiones oculares con la pérdida total o parcial de la visión.
El proyecto de De La Espriella es acorde a los intereses del capital en busca de mejorar la inevitable tendencia a la caída de la tasa de ganancia, sobre todo de aquella burguesía gringa que ha disminuido su condición rentable frente a la eficiente competencia china. Estados Unidos intenta volver a la Doctrina Monroe, recuperando sus principales países de influencia en el hemisferio occidental para contrarrestar el inevitable ascenso de China. Estados Unidos es la potencia hegemónica en declive que lucha contra una China moderna y sólida económica, tecnológica y comercialmente, y en busca de esa reindustrialización, busca revertir su condición y su posición geopolítica y económica despojando medios de producción y subsistencia, ya sea a través de pactos políticos con sus aliados (El Salvador, Argentina y Ecuador son claro ejemplo en América Latina) o por la fuerza, como el caso de Irán en Medio Oriente en un intento en el que ha fracasado. Colombia es entonces, un territorio que hace parte del panorama geopolítico en el sistema mundial capitalista y el despojo de sus recursos, así como la mayor explotación de la naturaleza (el ser humano dentro de ella) es clave para la acumulación de capital.
Por el contrario, el proyecto de Iván Cepeda tiende a buscar consensos entre las fuerzas sociales y la lucha de clases, disminuyendo las tensiones, en busca de un clima social y económico menos tenso. Contrario a lo que piensan y promulgan grupos incendiarios e idealistas su propuesta no es revolucionaria, en tanto no busca el poder a partir de la lucha armada, más sí de la contienda democrática, que no deja de ser una propuesta burguesa. Cepeda lo que propone es un proyecto reformista en los principales ámbitos de la estructura económica como es la salud, la educación, la vivienda, el acceso a los servicios públicos, las pensiones y la cuestión agraria vista como la democratización de la tierra y el acceso del campesinado y las comunidades originarias a los territorios que históricamente han sido despojados.

Su propuesta se enmarca dentro del sistema económico capitalista, conservando íntegramente sus principales rasgos como son el libre mercado, la propiedad privada, la libre competencia, la acumulación de capital, aunque tratando de mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, inclusive mejorando las condiciones de obreros militares que es lo que hizo el actual presidente Gustavo Petro, en tanto 366 mil militares y policías mejoraron sus condiciones al pasar de tener un ingreso de $300.000 pesos a $1.750.905, como salario mínimo vital. Gobiernos anteriores decían invertir en la seguridad, intensificando el negocio de la guerra, cuya industria bélica es la que más se beneficia (los mayores proveedores de armamento y semejantes bélicos son Estados Unidos, Israel y España), pero precarizando las condiciones y beneficios de la clase obrera militar, en una guerra donde los combatientes son personas jóvenes de familias pobres, tanto en las guerrillas como en las fuerzas militares y paramilitares. Jóvenes de familias ricas del país nunca irán a la guerra, a menos como peones. La sangre derramada siempre ha sido y será la de las clases populares: campesinos y trabajadores.
El progresismo, como su mismo nombre lo dice, promueve el avance y el desarrollo de las fuerzas productivas (tecnología) impulsando una menor explotación del trabajo y haciendo partícipe de la ganancia general a la clase trabajadora que es la única clase social que en realidad crea valor (en tanto es el trabajo lo único que crea valor) a través de la distribución de subsidios y mejoramiento de las condiciones, como las pensiones, los salarios y el bienestar. Contrario al pensamiento de sectores retardatarios y conservadores que buscan frenar el progreso social, como el caso de la oligarquía industrial y la clase terrateniente, esta última que al fin y al cabo es una clase parasitaria, en tanto no subsiste gracias al trabajo, en cambio sí de la acumulación de capital a partir de las rentas, la posesión y la especulación de la tierra. En Colombia solo el 13.5 % de la frontera agraria, es decir de la tierra productiva, es cultivable, lo cual denota una improductividad extremadamente alta, sobre todo en la ganadería extensiva, pues el 85% de la tierra agraria productiva está destinada a esta práctica.
Desde la teoría crítica marxista, no obstante, la propuesta de Iván Cepeda retrasa el desarrollo que emerge de la lucha de clases pues sostiene que el progresismo de izquierda diluye la lucha y las tensiones al enfocarse en reformas institucionales y demandas socioculturales que otorgan beneficios y beneplácitos temporales, en lugar de enfocarse en un cambio de la estructura. Al promover la conciliación de clases y el gradualismo, estas políticas integran a los trabajadores al sistema capitalista, desactivando el conflicto estructural necesario para su derrocamiento, lo cual es la antítesis de la propuesta revolucionaria de la lucha armada, coincidiendo más con la consecuencia que conlleva la propuesta neoliberal enmarcada fuertemente en un capitalismo radical propio del proyecto de De La Espriella que da cabida y acelera el descontento, la insurrección y los movimientos sociales. El motor del desarrollo histórico y del cambio social es la lucha de clases, el sistema capitalista no será perpetuo, como tampoco lo fue el esclavismo y el feudalismo, aunque haya visos remanentes en el actual sistema de producción propios de los precedentes. En el devenir histórico de la humanidad, las contradicciones mismas del sistema productivo darán paso a un irrevocable cambio social.
Colombia contemporánea: el gobierno progresista de Gustavo Petro frente a otros gobiernos neoliberales del siglo XXI
El proyecto progresista que representa Iván Cepeda es consecuente con el gobierno de Gustavo Petro que ha sido el único gobierno progresista de izquierda en toda la historia de Colombia. Por consiguiente, es imperante hacer un análisis retrospectivo tendiendo puentes entre la abstracción para lograr un mayor acercamiento a partir de algunas concreciones. Haré entonces, un balance introspectivo con algunas variables relevantes, así como una comparación con ánimo de tener un panorama menos abstracto de la realidad colombiana.
Fuente: elaboración propia con datos de DANE y Unidad para las Víctimas (2026)
El PIB está relacionado con el crecimiento de la producción, en una estimación a partir de los bienes y servicios finales, es decir la riqueza de la clase social que concentra y logra consolidar acumulación de capital. Este indicador fue más alto durante el período de Uribe, y por el contrario el más bajo durante el período de Duque, teniendo en cuenta que durante el 2020 se vivió una de las crisis más relevantes del sistema de producción capitalista, conocida como COVID 19.
Por el contrario, el crecimiento de los salarios de los trabajadores a partir de la medición del salario mínimo vital creció más durante el gobierno de Gustavo Petro, en un 15.2% en promedio durante su período, mientras que el más bajo fue durante los gobiernos de Santos en un 5.4% en promedio. El incremento del salario real mide el verdadero incremento de los salarios, el poder adquisitivo de los trabajadores frente al costo de vida, es decir el incremento del salario menos la inflación, reflejando un mayor crecimiento durante el gobierno de Petro con un 8.6% y menor igualmente en el gobierno Santos con un 1.4%.
El presupuesto destinado a la educación ha sido semejante en los 4 gobiernos, no obstante, en el gobierno de Petro creció levemente en un 4.8% frente a un 4.4% de Duque que fue el más bajo.
La violencia se exacerbó de manera diciente durante el período de la llamada “seguridad democrática” de Uribe Vélez, en tanto hubo 3,671,953 personas desplazadas, la mayoría despojadas y arrebatadas de los medios de producción (tierra, herramientas y animales como los principales) (Unidad Para las Víctimas, 2026). Es difícil cuantificar las pérdidas económicas de la población campesina, pero en términos generales han perdido cerca de 60 billones de pesos colombianos, solo entre 1980 y 2010, según cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica y algunas ONG. Las pérdidas inmateriales son inmensas en una guerra que ha desangrado y cicatrizado a la población campesina y obrera del país.
Los homicidios en el marco de la guerra igualmente fueron desastrosos durante el gobierno Uribe alcanzando la cifra de 150,903 personas asesinadas. La violencia disminuyó notablemente durante los gobiernos de Petro y Duque, aunque haciendo la salvedad del análisis sobre las cifras de violencia urbana en el marco del movimiento social del 2021 durante el gobierno Duque donde se disparó la violación de los derechos y la dignidad humana en cuanto a desapariciones forzadas, el genocidio, la violencia sexual y la violencia ocular contra las y los jóvenes del país, sobre todo en las principales ciudades protagonistas del estallido social: Cali, Bogotá, Medellín, Pereira y parte del eje cafetero.
Este fue un texto para analizar el plano político en el marco de la contienda electoral que actualmente está en curso en Colombia, con una prospectiva geopolítica y económica del país, basado en los antecedentes históricos más recientes de las relaciones sociales convulsas del segundo país más diverso del mundo, con una riqueza natural infinita no solo importante para Colombia, también para el mundo. No pretende ser un estudio general o amplio, pero sí una síntesis de algunos aspectos fundamentales con una perspectiva de la economía política.

