LA PAZ, 25 jun (El Libre Observador) – Un avión despegó este jueves desde Santiago con destino al norte de Chile antes de continuar su recorrido hacia Bolivia, Ecuador y Colombia. A bordo viajaban 62 extranjeros expulsados por las autoridades chilenas en una nueva operación que refleja el endurecimiento de la política migratoria impulsada por el presidente José Antonio Kast desde que asumió el poder en marzo.
Entre los deportados se encontraban 19 ciudadanos bolivianos, además de 30 colombianos y 13 ecuatorianos, según informó el Ministerio del Interior de Chile. El operativo constituye uno de los vuelos de expulsión organizados por el Gobierno chileno para ejecutar órdenes judiciales y administrativas contra personas que permanecían de manera irregular en el país.
La expulsión forma parte de la estrategia con la que la nueva administración busca reforzar el control fronterizo y responder a una de las principales preocupaciones de la agenda política chilena: el aumento de la migración irregular, especialmente por los pasos fronterizos del norte, una ruta utilizada durante los últimos años por miles de personas procedentes de distintos países sudamericanos y del Caribe.
Las autoridades chilenas precisaron que 16 de los pasajeros fueron expulsados por resolución judicial, mientras que los otros 46 estaban sujetos a procedimientos administrativos por infringir la legislación migratoria.

El vuelo inició su recorrido en Santiago con 41 personas a bordo y realizó posteriormente una escala en la ciudad de Iquique, principal puerta de entrada de la migración irregular desde Bolivia, para incorporar a otros 21 extranjeros antes de emprender el viaje hacia sus respectivos países.
Durante todo el traslado, los expulsados permanecieron bajo custodia de funcionarios de la Policía de Investigaciones (PDI), encargados de acompañarlos hasta la entrega formal a las autoridades migratorias de Bolivia, Ecuador y Colombia.
La operación se enmarca en la política de seguridad y control migratorio anunciada por Kast tras asumir la Presidencia, un programa que combina el fortalecimiento de la vigilancia en las fronteras, el aumento de las expulsiones y la revisión de los mecanismos de ingreso y permanencia de extranjeros.
La frontera entre Chile y Bolivia se ha convertido en uno de los principales escenarios de esa estrategia. El extenso corredor altiplánico, caracterizado por numerosos pasos no habilitados y difíciles condiciones geográficas, ha concentrado durante los últimos años una parte significativa de los ingresos irregulares al territorio chileno, impulsados por las crisis económicas y sociales que atraviesan varios países de la región.
Para Bolivia, las expulsiones representan además un desafío consular y migratorio. Aunque el Gobierno boliviano no se ha pronunciado oficialmente sobre este nuevo operativo, las autoridades suelen coordinar con sus pares chilenas la recepción de los ciudadanos retornados y los procedimientos de identificación en los puntos de ingreso.
El nuevo vuelo confirma que las expulsiones colectivas se han convertido en una herramienta habitual de la política migratoria chilena. Mientras el Ejecutivo las presenta como una señal de recuperación del control fronterizo y del cumplimiento de la ley, organizaciones de derechos humanos han advertido en reiteradas ocasiones sobre la necesidad de garantizar que cada procedimiento respete las garantías individuales y el debido proceso.

