LA PAZ, 24 jul (El Libre Observador) — La diplomacia boliviana atraviesa un periodo inusual. Ocho meses después de la llegada de Rodrigo Paz a la presidencia, el país continúa sin designar embajadores en buena parte de sus principales representaciones en el exterior. Mientras las sedes diplomáticas siguen dirigidas, en muchos casos, por funcionarios de la administración anterior o encargados de negocios, el Gobierno asegura que prepara una renovación cuidadosamente planificada. La primera lista ya está definida: quince países considerados estratégicos serán el punto de partida para recomponer la presencia internacional de Bolivia.
La demora, convertida en argumento de la oposición y en motivo de preocupación para parte del servicio exterior, obligó este viernes al canciller Fernando Aramayo a comparecer ante la Comisión de Constitución de la Asamblea Legislativa. Allí defendió que el retraso no responde a improvisación ni a falta de candidatos, sino a una decisión deliberada de rediseñar primero la política exterior antes de nombrar a quienes deberán ejecutarla.
«Ya hemos priorizado quince países. Estamos analizando los perfiles y este será un proceso gradual», explicó el ministro. Según Aramayo, el Ejecutivo pretende consensuar previamente con los Estados receptores las líneas de trabajo de cada misión diplomática para que los futuros embajadores lleguen con objetivos definidos y no únicamente con funciones protocolarias.
La explicación intenta responder a una crítica que se ha repetido desde distintos sectores políticos: ¿cómo puede un país proyectar una nueva política exterior cuando aún no ha renovado a quienes deben representarlo? Para la oposición, la ausencia de embajadores limita la capacidad de Bolivia para defender sus intereses económicos, fortalecer relaciones políticas y atender a miles de ciudadanos residentes en el extranjero.
El vicepresidente Edmand Lara resumió ese cuestionamiento en un comunicado difundido horas antes de la comparecencia del canciller: «Han pasado ocho meses de gestión y nuestras embajadas siguen vacías. No es un detalle administrativo. Es el rostro de Bolivia ante el mundo el que está ausente».
Las críticas también llegaron desde la Asamblea Legislativa. La diputada Liliana Echenique, de la fuerza opositora Libre, sostuvo que el Gobierno debió llegar al poder con una estrategia diplomática preparada y con los perfiles definidos para asumir rápidamente el control de la red exterior.

«No puede ser que un gobierno no tenga representantes en otros países. Muchos bolivianos que viven fuera se están viendo perjudicados porque las nuevas autoridades no han sido designadas», afirmó antes de la sesión parlamentaria.
El canciller rechazó las acusaciones y defendió un procedimiento que, asegura, debe respetar tanto las normas internas como los tiempos de la diplomacia internacional. También descartó confirmar versiones sobre una eventual designación del ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, como representante permanente ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), al recordar que cualquier nombramiento corresponde exclusivamente al presidente y debe seguir el trámite constitucional ante el Senado.
Más allá del debate político, la demora revela uno de los principales retos del Gobierno de Rodrigo Paz: redefinir el lugar que Bolivia quiere ocupar en un escenario internacional marcado por la competencia por inversiones, la reconfiguración de alianzas regionales y la creciente importancia de la diplomacia económica. En ese contexto, las embajadas dejan de ser simples oficinas de representación para convertirse en plataformas destinadas a atraer capital, abrir mercados y fortalecer la presencia política del país.
Por eso el Ejecutivo insiste en que los futuros embajadores no serán únicamente representantes del Estado, sino ejecutores de una agenda centrada en comercio, inversiones, cooperación y posicionamiento internacional. La selección de los primeros quince destinos busca precisamente responder a esa lógica de prioridades, aunque el Gobierno todavía evita revelar cuáles serán esas capitales o cuándo se anunciarán oficialmente los nombramientos.
La reconstrucción del servicio exterior boliviano, sin embargo, no dependerá únicamente de los decretos presidenciales. También pondrá a prueba la capacidad del Ejecutivo para convertir una promesa de renovación diplomática en una política exterior coherente, capaz de recuperar presencia internacional después de meses en los que la imagen de Bolivia, según reconocen incluso sus críticos, ha permanecido con demasiados espacios vacíos.

