LA PAZ, 9 sep (El Libre Observador) — Durante varios días, el Gobierno de Rodrigo Paz intentó presentar a Fernando Cerimedo como una figura secundaria, casi accidental, en la campaña electoral y en los primeros pasos de la nueva Administración. Este miércoles, sin embargo, el propio presidente introdujo un matiz que modifica sustancialmente ese relato al admitir que había depositado su confianza en el consultor argentino y, al mismo tiempo, anunció que esa relación quedaba rota.
“Sí me apena, y lo quiero decir, que, habiendo depositado confianza en ese caballero, esa confianza no se haya retribuido en el sentido correcto o no se haya entendido; por eso le pido al Ministerio Público una profunda investigación de lo que sea”, afirmó Paz a los periodistas en Cochabamba.
La frase llega después de una sucesión de explicaciones oficiales destinadas a rebajar el papel de Cerimedo. El portavoz presidencial, José Luis Gálvez, había sostenido que su participación se limitó a la segunda vuelta electoral y que su colaboración con el Gobierno fue marginal. Esa versión fue cuestionada públicamente por Nadia Beller, la víctima de intento de feminicidio, quien difundió imágenes y otros materiales que mostraban una relación aparentemente más estrecha.
Entre esas imágenes figura una fotografía en la que Cerimedo aparece junto a Paz durante una reunión con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. El registro alimentó las preguntas sobre el verdadero lugar que ocupaba el consultor argentino en el entorno presidencial y convirtió la distancia oficial respecto de él en un asunto cada vez más difícil de sostener.
Ahora Paz reconoce una relación de confianza, pero lo hace cuando Cerimedo se encuentra detenido en el penal de Chonchocoro y sometido a investigaciones judiciales. El cambio de posición deja una pregunta política inevitable: si existió esa confianza, ¿por qué durante los primeros días se intentó reducir públicamente la dimensión del vínculo?
Cerimedo permanece en la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro con detención preventiva por seis meses, dentro de una investigación por enriquecimiento ilícito de particulares con afectación al Estado. Paralelamente, en Santa Cruz afronta una acusación por tentativa de feminicidio contra su expareja. Las acusaciones no equivalen a una condena y deberán ser esclarecidas por las autoridades competentes.
El caso adquirió una nueva dimensión después de la difusión de audios atribuidos al consultor argentino y en los que aparecen conversaciones con Paz y con el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo. El presidente, sin embargo, evitó entrar en el contenido concreto de esas grabaciones.

“Ustedes saben cómo están distorsionando; se ha vuelto esto un carnaval de audios”, respondió Paz al ser consultado sobre el asunto.
La reacción presidencial contrasta con el giro producido en su propio relato. Primero hubo distancia; después, explicaciones sobre una colaboración supuestamente limitada; y ahora aparece el reconocimiento de una confianza personal que, según el propio mandatario, no fue correspondida.
El episodio no solo compromete la figura de Cerimedo. También coloca bajo escrutinio la manera en que el Gobierno ha gestionado la crisis y la transparencia de sus explicaciones. En política, las relaciones pueden terminar; lo que resulta más difícil de borrar es la huella que dejan las versiones contradictorias cuando la realidad termina obligando a corregirlas.
Paz intenta ahora cerrar el capítulo reclamando una investigación profunda. Pero la investigación que reclama el presidente tendrá inevitablemente una segunda dimensión política: determinar qué papel desempeñó realmente Cerimedo en su entorno, hasta dónde llegó su influencia y por qué esa relación fue inicialmente presentada como mucho menos relevante de lo que el propio mandatario admite ahora.
Mientras la Justicia avanza en las investigaciones que involucran al consultor, el Gobierno deberá responder a una cuestión menos jurídica, pero políticamente decisiva, no solo qué hizo Cerimedo, sino qué sabía y qué relación mantenía con quienes hoy buscan marcar distancia de él.

