LA PAZ, 25 sep (El Libre Observador) — El protagonismo asumido por el ministro de la Presidencia, Fernando Aramayo, durante la semana de alto nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas, que no le correspondía, generó críticas en Bolivia por el desplazamiento del canciller Héctor Huanca de espacios que corresponden a la diplomacia nacional.
El excanciller y exembajador de Bolivia ante la ONU Diego Pary cuestionó la presencia de Aramayo en actividades de carácter internacional y consideró que la exposición del ministro de la Presidencia dejó en tercer plano al titular de Relaciones Exteriores. Además, dijo que advirtió cierta preferencia del presidente Rodrigo Paz por el ministro Aramayo en las relaciones exteriores.
También se criticó al poco apoyo que recibe Huanca de sus colaboradores para mostrar las gestiones que realizó en Nueva York, pues no se difundieron noticias sobre su rol en los eventos.

“Vemos más a un ministro de la Presidencia ejerciendo el cargo de canciller, y al canciller más como un vicecanciller, digamos, como ayudante en las actividades que se desarrollan en Naciones Unidas y también dentro de la dinámica nacional”, afirmó Pary en declaraciones a medios.
Para el exdiplomático, la distribución de funciones durante la agenda internacional del Gobierno dejó entrever una falta de delimitación entre las responsabilidades de la Presidencia y las de la Cancillería, particularmente durante una semana considerada estratégica para la política exterior boliviana.
Pary explicó que, mientras el presidente Rodrigo Paz debe concentrar su participación en los actos y reuniones de mayor relevancia política, corresponde al canciller representar al país en otros espacios multilaterales, entre ellos el Grupo de los 77 más China, el Movimiento de Países No Alineados y los foros que reúnen a los países en desarrollo sin litoral.
“Yo creo que lo que está faltando es que le den el espacio que le corresponde y ejercer el rol que a él le toca en la Cancillería”, sostuvo Pary al referirse a Huanca.
El exministro señaló además que cualquier “imprecisión o incoherencia” que pueda producirse en la participación internacional del Gobierno terminará comprometiendo al canciller, debido a que forma parte de las responsabilidades institucionales de la política exterior.
La observación adquiere relevancia en un momento en que el nuevo Gobierno busca proyectar una política internacional orientada a reposicionar a Bolivia en los organismos multilaterales y ampliar sus relaciones con distintos bloques y países.
Pary, sin embargo, evitó cuestionar la trayectoria profesional de Huanca y destacó su experiencia previa como jefe de la Unidad de Conflictos de la Defensoría del Pueblo, donde desarrolló labores vinculadas con la mediación y la resolución de controversias.
“Yo conozco su trabajo y creo que tiene experiencia. Lo que está faltando es que le den el espacio que le corresponde”, insistió.
La figura de Huanca también ha sido objeto de cuestionamientos desde sectores políticos debido a los 15 años que trabajó en la Defensoría del Pueblo. Sus críticos han sostenido que durante distintos periodos esa institución estuvo próxima a las posiciones del Movimiento al Socialismo (MAS), aunque tales señalamientos forman parte de la controversia política y no constituyen, por sí mismos, una prueba de una vinculación partidaria de Huanca.
También han circulado versiones informales sobre supuestos vínculos de carácter regional con dirigentes históricos del MAS procedentes de la zona del lago Titicaca, afirmaciones que no han sido acreditadas públicamente.

El debate sobre el papel de Huanca y Aramayo durante la agenda de Naciones Unidas abre así una discusión más amplia dentro del Ejecutivo boliviano: cómo distribuir el protagonismo político entre la Presidencia y la Cancillería y, sobre todo, quién debe asumir la conducción visible de la política exterior.
Más allá de las diferencias personales o políticas que puedan existir dentro del Gobierno, el cuestionamiento de Pary apunta a una cuestión institucional y la necesidad de que las funciones de representación internacional estén claramente delimitadas y que el canciller disponga del espacio necesario para ejercer las atribuciones que le corresponden.

