LA PAZ, 26 feb (El Libre Observador) – Desde su regreso a Bolivia en 2020, el ex presidente Evo Morales protagonizó un escenario político lleno de tensiones y divisiones al interior de su propio partido, el Movimiento al Socialismo (MAS).
Lejos de la unidad que solía caracterizar al partido azul, Morales día que pasa aumenta el número de nombres en su lista de enemigos, lanzando críticas abiertas y sin reservas contra al menos 10 figuras destacadas del MAS.
Entre los blancos de sus ataques se encuentran figuras prominentes como el presidente Luis Arce Catacora, a quien Morales ha llegado a llamar «traidor» en múltiples ocasiones. En una de sus arremetidas más sonadas, Morales acusó a Arce de no ser el ideólogo del modelo económico y lo redujo a un simple «cajero», señalando supuestas fallas en la gestión económica del país.

Pero Arce no ha sido el único objetivo de Morales. También ha dirigido sus críticas hacia el ex vicepresidente Álvaro García Linera, a quien recientemente calificó como “enemigo” por sus propuestas de renovación de liderazgos dentro del partido.
Esta confrontación pública evidencia las profundas divisiones ideológicas y estratégicas que existen dentro del MAS.
Además de García Linera, Morales ha dirigido sus ataques hacia otros miembros destacados del gobierno, como el vicepresidente David Choquehuanca, a quien acusó de querer verlo muerto, y el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, a quien ha culpado de una serie de problemas y acusaciones, incluyendo la supuesta persecución judicial contra dirigentes del MAS.

Las tensiones no se limitan al ámbito gubernamental, ya que Morales también ha señalado a líderes sindicales y otros políticos, como el dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB), Juan Carlos Huarachi, y los expresidentes Jorge «Tuto» Quiroga y Carlos Mesa, como parte de su creciente lista de críticos y adversarios.
En resumen, las divisiones internas dentro del MAS y las disputas públicas entre Morales y sus antiguos aliados reflejan un panorama político complejo y en constante cambio en Bolivia, donde las lealtades y las alianzas se ponen a prueba en medio de luchas de poder y rivalidades personales.


