LA PAZ, 30 sep (El Libre Observador) — En cuatro años, Bolivia ha logrado un salto extraordinario en la producción y exportación de sus dos cultivos emblemáticos: el cacao y el café. Entre 2020 y 2024, las ventas externas de cacao en grano se multiplicaron por diez, alcanzando los 10,22 millones de dólares, mientras que el café sin tostar creció un 76 %, hasta 15,1 millones de dólares, según cifras del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras.
Este auge no es casualidad. Se enmarca en una estrategia gubernamental que, a través de una inversión de más de 335 millones de bolivianos, ha buscado modernizar la cacaocultura y la caficultura, fortalecer la productividad de los pequeños y medianos productores y abrirles acceso a mercados internacionales más exigentes.
Más de 10.000 familias productoras en ocho departamentos del país han sido beneficiadas, mejorando sus rendimientos y la calidad de sus cultivos.

El ministro Yamil Flores subraya que esta expansión exportadora responde tanto al impulso estatal como a la adaptación a estándares globales, especialmente de la Unión Europea, que exige certificaciones sobre la procedencia de los cultivos y la sostenibilidad ambiental.
Para cumplir con estas normas, Bolivia ha implementado un aplicativo digital que permitirá a los productores certificar la legalidad y origen de sus cosechas, facilitando la competitividad internacional.
El repunte del cacao y el café también refleja un cambio estructural en la economía agrícola del país. Más allá de las cifras, estos cultivos generan seguridad alimentaria y fortalecen el desarrollo rural, al tiempo que posicionan a Bolivia como un actor competitivo en el mercado global de productos agrícolas de alta calidad.
“Estamos demostrando que Bolivia puede crecer con calidad, sostenibilidad y reconocimiento internacional”, afirmó Flores, destacando que los resultados son fruto de una planificación integral que combina inversión, innovación tecnológica y apoyo a las comunidades productoras.
Este crecimiento consolida al cacao y al café como productos estratégicos para la diversificación de la economía boliviana, mostrando que, incluso en contextos complejos, la inversión pública y la articulación con los pequeños productores pueden generar cambios sostenibles y notorios en la proyección internacional del país.


