LA PAZ, 26 feb (El Libre Observador) – Las lluvias incesantes que azotan Bolivia desde noviembre de 2024 han dejado un saldo devastador: 37 personas fallecidas, seis desaparecidas y más de 161.000 familias afectadas.
Las inundaciones, riadas y deslizamientos de tierra han golpeado con especial fuerza al departamento de La Paz, donde la situación ha obligado a la declaratoria de emergencia en 25 municipios.
«El número de fallecidos ha aumentado a 37 personas, 16 de ellas en el departamento de Cochabamba (…). Además, aún se busca a seis personas desaparecidas, por lo que lamentablemente el saldo de muertes podría incrementarse», informó en conferencia de prensa el viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes.
Mientras el agua avanza y los suelos se saturan, miles de familias bolivianas enfrentan la angustia de haberlo perdido todo. Los caminos bloqueados, las viviendas colapsadas y la destrucción de cultivos dificultan la asistencia a las comunidades más vulnerables, muchas de las cuales han quedado aisladas.

CRECIENTE IMPACTO HUMANITARIO
En apenas una semana, el número de familias damnificadas y afectadas se disparó de 126.236 a 161.125, evidenciando la magnitud del desastre. Defensa Civil distingue entre familias afectadas, que padecen daños indirectos como interrupción de servicios básicos y pérdida de cultivos, y familias damnificadas, que han sufrido la destrucción parcial o total de sus hogares.
Las cifras oficiales reflejan un daño estructural grave: 1.056 viviendas han sido afectadas, de las cuales 379 quedaron completamente destruidas. Solo en La Paz, 319 hogares han colapsado, dejando a cientos de familias sin refugio en medio de condiciones climáticas adversas.
Los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Tarija, Cochabamba, Santa Cruz y Potosí han sido los más golpeados por las riadas y crecidas de ríos, con comunidades enteras inundadas y caminos intransitables.
El panorama es desalentador. La declaración de emergencia en La Paz y en otros 34 municipios del país ha permitido la movilización de recursos a nivel nacional, pero las necesidades siguen en aumento.
Las lluvias continuarán hasta marzo y abril, según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), lo que prolongará la crisis humanitaria y aumentará el riesgo de nuevos deslizamientos e inundaciones.
Las autoridades han desplegado operativos de rescate y asistencia, pero la magnitud del desastre pone a prueba la capacidad de respuesta del país. En muchas zonas, la ayuda tarda en llegar debido al colapso de vías y la persistente inestabilidad del terreno.
Mientras tanto, las imágenes de familias evacuadas, viviendas sumergidas y comunidades enteras devastadas reflejan una tragedia que sigue en desarrollo y cuya cifra de víctimas podría seguir aumentando en los próximos días.


